
El evangelio que rezamos este fin de semana nos invita a pensar en dos gestos o palabras de Jesús.
La
primera la encontramos en el comienzo del texto de Mateo en el cual Jesús alaba
al Padre porque se revela (se da a conocer) a los pequeños y no los sabios.
A mi
parecer es una invitación a alabar a Dios porque se nos da a conocer a cada
uno, se va revelando a vos o a mí, no por nuestras capacidades sino porque él
quiere. Esta revelación es especial para los pequeños, los pobres, los que no
tienen seguridades ni en el saber ni el tener. Si somos pequeños se nos revela.
La
segunda invitación es para ir a Jesús: “vengan a mi…” Si estas agobiado o
afligido hay un corazón a donde recurrir. Tenes un lugar donde descansar.
Alabar
es poner el centro en Dios y no en nosotros, porque es el creador y dador de
vida; ir a Jesús es descubrir que hay un lugar en su corazón.
Somos
invitados con sencillez a repetir lentamente las palabras del evangelio y hacerlas
nuestras. Dar gracias por el amor de Dios que se revela y porque no nos deja
solo.
En
definitiva descubrimos que somos importante no por lo que hacemos sino por lo
que somos: HIJOS AMADOS DEL PADRE.
Experimentemos
el abrazo amoroso del Señor que nos hace recostar en su corazón y animémonos a
ser nosotros el abrazo para otro que camina a nuestro lado: que descubra que el
afligido y agobiado no solo tiene un lugar en Dios sino también en nuestro
corazón.
¡Dios
nos acompañe y consuele a lo largo de la semana! Bendiciones
P. Javier