domingo, 3 de junio de 2012

Historia de la Marcha juvenil de Corpus en Buenos Aires


En estas líneas se relata brevemente la historia de la Marcha de Corpus en nuestra ciudad de Buenos Aires... para saber un poquito que es lo que hacemos.

En los últimos años de la década de los ’80 se verificaba la poca participación de los jóvenes en la celebración arquidiocesana del Corpus Christi. Si bien, habían existido algunos intentos de incorporar más a los chicos/as de las distintas comunidades (cuando la Misa se celebraba en la Av. 9 de Julio y se los invitó a llevar sus instrumentos musicales, por ej.) el resultado no terminaba de ser del todo positivo. Tal vez, por carecer de una clara convocatoria, una buena razón para ir, quizás también, por ser una celebración poco festiva y menos participativa, finalmente, lo que se comprobaba era, la casi ausencia de jóvenes en esta fiesta de la Iglesia de Buenos Aires, con la sola participación de adultos (más o menos grandes) para quienes Corpus Christi evocaba en ellos acontecimientos importantes de la historia del país pero desconocidos para las generaciones más jóvenes.
Teniendo a la misa, como casi el único motor de la celebración difícilmente se podía lograr la participación amplia del Pueblo de Dios y mucho menos de los jóvenes. De allí que, Corpus se convirtiera, para los adultos mayores, en una suerte de “pieza de museo” a conservar a lo largo del tiempo, tratando de impedir su desaparición. Para los más grandes, Corpus tenía como trasfondo el ser una especie de “catolicazo” de la Iglesia porteña, es decir, una cierta demostración de fuerza y de poder de convocatoria de la Iglesia de Buenos Aires a la sociedad laica.
Hay que reconocer también que, para gran parte del clero porteño, Corpus se había transformado en una especie de “enfermo terminal” del que sólo se podía esperar su fin. De allí, la poca participación de los sacerdotes, con la consiguiente escasa motivación de sus comunidades para hacerse presente en esta Fiesta. Así mismo, es justo destacar que, muchos sacerdotes seguían yendo por un sano y firme espíritu de comunión eclesial.
Con este panorama, el frío de la fiesta no estaba dado principalmente, por el clima del mes de junio en Buenos Aires, sino sobretodo, por el espíritu que animaba a los sacerdotes y fieles a la participación de esta celebración.
En el año 1990 surge el deseo, de parte del encargado en ese momento de la Pastoral Juvenil, de hacer participar más masivamente a los jóvenes en la fiesta de Corpus. Es así como, algunos sacerdotes, que en aquel tiempo pertenecían al Decanato de Versalles, proponen ir con los jóvenes, pero caminando. La idea se charla, se comente y tiene aceptación de varios sacerdotes y seminaristas que trabajan con juventud. Así nace la Marcha de Corpus. La primer hojita de contenido se elaboró en el mismo Seminario Metropolitano.
Se presenta como gesto de fe en la ciudad animado por los jóvenes. Por eso se propone caminar con las imágenes de Jesús y la Virgen y, para que sea un hecho evangelizador se decide entregar en el camino las estampas del Señor y su Madre y recoger las intenciones de la gente que luego se ofrecerían en la Misa.

Dada la aceptación de la propuesta, ya en la primer marcha, se constituyen dos columnas: la columna “madre” desde el Santuario de San Cayetano de Liniers y otra desde Belgrano que en ese año partió desde la Parroquia de Luján Castrense. Ambas concluyeron en la intersección de las Avenidas de Mayo y 9 de Julio donde se realizó la Misa.
En la evaluación de esta primer marcha se destacó la participación alegre y festiva de una respetable cantidad de jóvenes así como el deseo de ellos de seguir realizando esta Marcha.
En esta primera oportunidad se entregaron 25.000 estampas de Cristo y la Virgen, se recogieron 1.600 intenciones para la Misa y se caminó bajo el lema “¿Estamos vivos?”.
De esta marcha se concluye, la vigencia de la fe en el Pueblo de Dios de la ciudad que se reúne en torno a Jesús y su Madre y se comienza a vislumbrar y extender para muchos, a la calle y a las plazas de Buenos Aires, como un desafío para la Evangelización.
En el año ’91 convoca con el lema: “No está muerto quien camina” y con nuevo Obispo en la Arquidiócesis. La marcha crece un poco más en participación pero no es del todo asumida por la gente que prepara la Misa de Corpus; es más, genera cierta oposición y, como consecuencia, se produce un retroceso en la liturgia que, en sus formas no incorpora a todos los sectores que participan. Al faltar los sacerdotes que dieron origen a la iniciativa, se carece de organización en la Marcha. Sin embargo, se suma este año una nueva columna: Villa Urquiza, que sale desde la parroquia de Nuestra Señora del Carmen. En Parque Rivadavia los scouts de la Parroquia de Caacupé preparan algo para tomar.
En el año 1992 se realiza la 3º Marcha que se adhiere a la celebración de los 500 años de Evangelización de América Latina. El lema es: “Se hace camino al andar”, y el mismo grupo de sacerdotes organiza la Marcha. Se incorporan al camino las imágenes de la Virgen de Guadalupe, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, santos de nuestra tierra. Es en esta marcha que nace el acto de Plaza Congreso, como un modo de cierre de la Marcha dado que la Misa tal cual se celebraba distaba mucho de ser la culminación festiva de la marcha de los jóvenes. En esta oportunidad se hace mención en Congreso del próximo inicio de la Peregrinación Misionera por América Latina de Jesucristo y la Virgen, a cargo de uno de los sacerdotes de la Peregrinación.
En la 4ª Marcha (1993), se nota mayor organización y fundamentalmente, el deseo de unificarla con la Misa. Un integrante de la comisión de la Marcha se incorpora a aquellos que preparan la celebración de la Eucaristía.
Se camina bajo el lema: “Hay que seguir andando nomás” y en camino se entrega también una suerte de catecismo popular que expresaba: “Te bendecimos, Jesús, hijo de Dios, por hacerte compañero de nuestro camino. Te damos gracias por alimentar nuestra vida con tu Cuerpo y con tu Sangre”. En la celebración del Congreso se contó con el testimonio de uno de los peregrinos por América Latina.
De la 5ª Marcha (1994) no tenemos mayor memoria que una hijota repitiendo los contenidos y criterios básicos de las anteriores. Tampoco recordamos que haya habido un lema específico.
En la 6ª Marcha (1995) además de destacarse el crecimiento de la convocatoria para la columna de Liniers, fue negativo el acompañamiento de la Policía que, en Primera Junta, después de demorarnos 15 minutos nos dejaron solos porque pretendían hacernos caminar por la calle Rosario e Hipólito Irigoyen.
En esta oportunidad el lema fue: “Cristo entre nosotros”, unificado con el de la Misa. Fue importante el testimonio de los jóvenes en Congreso. Este año se tomaron imágenes de foto y video con las cuales se elaboró para el siguiente año, el video de la marcha y una carpeta de fotos con el texto del guión del mismo video.
Al año siguiente –1996- en la 7ª Marcha , se siguió destacando el crecimiento de la convocatoria; por otro, se sumó la invitación a realizar en la Casa de los Jóvenes, el pre-Corpus (encuentro preparatorio a la Marcha y Celebración) para desarrollarlo luego cada uno en su propia comunidad. En este año se agregó también como material, el video que tuvo buena aceptación; además se entregó con anterioridad cancioneros y cassettes.
Al crecer mucho la columna de Plaza Once, aparece la dificultad para sonorizarla adecuadamente en toda su extensión. Por otro lado, resultó negativa la ubicación del altar sobre la calle Bolívar porque los chicos quedaron muy lejos, por lo cual no pudieron ver ni escuchar como corresponde.
En la marcha de 1997, se notó aún más chicos participando y también de colegios estatales. Se intentó llegar a los medios de comunicación obteniendo un resultado relativamente bueno. En la evaluación se destaca el impacto que produce la alegría, los cantos y el baile que le dan un clima de verdadera fiesta a la Marcha.
En el año de 1998 se nota, una vez más, el incremento de participantes en Liniers y Belgrano; en Pompeya hubo menos porque coincidió con el día de San Antonio. Las parroquias del centro se suman desde Once. Siempre hay cierta dificultad con la distribución del material previo como para que llegue a tiempo y a todas las comunidades. La animación y el canto de la Misa estuvieron más de acuerdo con lo habitual de cualquier parroquia lo cual, resultó pequeño avance y una señal de tener, a partir de ese año, un nuevo Arzobispo. Se caminó bajo el lema: “Animados por el Espíritu caminemos hacia Jesús”.
En la décima Marcha (1999) se camina con el lema: “Caminemos con Cristo hacia la fiesta del Padre”. El material previo se logró que llegara con la suficiente anticipación como para poder utilizarlo, en distinta medida, en las comunidades.
Vale recordar que, tanto en las Marchas del ’98 como en la del ’99 se incorporó una celebración previa a la salida que incluye una adoración al Smo. Asimismo, este año se sumaron desde Plaza Once al camino, las dos imágenes grandes de Cristo y de la Virgen de Luján, semejantes a las del díptico de la Misión de los jóvenes a los jóvenes. Fue muy impactante.
Sigue impresionando y desbordando la cantidad de jóvenes que caminan cada año en la Marcha; por este mismo motivo se ve la necesidad de reunirse previamente con la Policía, porque el caos del tránsito cada vez es mayor. Se calcula que, a partir de Once, la columna tenía 7 cuadras de largo.
Gran aceptación tuvo la celebración de Congreso con las palabras y el gesto a cargo de Mons. Bergoglio; fue muy bien recibido. La dificultad que existió allí, fue la ubicación del escenario que fue puesto casi en la esquina de Rodríguez Peña, donde no había buena visibilidad; este cambio obedece al cierre con rejas del monumento del Congreso.
Por la cantidad de chicos, seguía habiendo inconvenientes en el acceso y en la ubicación de ellos en la Plaza de Mayo; este es otro tema a charlar previamente con los organizadores de la Eucaristía.
Durante los primeros años del nuevo milenio la participación de los jóvenes en la marcha decayó, excepto en el año santo 2000, año en que fue muy importante la participación y protagonismo en todos los eventos que la Iglesia organizó en aquel Jubileo.
A pesar de esto se consolidaron cabeceras desde las que partían las columnas de las cuatro vicarías, San Cayetano de Liniers, Pompeya, Ntra. del Carmen de Urquiza e Inmaculada Concepción de Belgrano. Y las gigantografías de Cristo y de la Virgen de Luján comenzaron a acompañar a la marcha desde las cabeceras.
Cada una de las cabeceras también agregó, además de los carteles de cada parroquia que siempre estuvieron en cada marcha, un gran pasacalles que reza “Marcha juvenil de Corpus Christi”. Y durante estos años también se consolidó el mensaje que el cardenal dirigía a los jóvenes desde un escenario ubicado en Av. de Mayo y Piedras.
La animación de cada columna continúo siempre incentivando el canto durante todo el trayecto, y también la recolección de intenciones, que luego se acercarán al altar de la Catedral. Así se fue gestando en cada cabecera un grupo que cada año se encargó de la oración de salida, de los carritos de sonido, y los cancioneros.
En 2003 la lluvia sorprendió la organización de la Eucaristía, y la mima se realizó dentro de la Catedral. El cardenal diría: “Este año lo recordaremos como el año en el que la plazo entró en la Catedral”. A pesar de la lluvia, la convocatoria fue tanta que varios quedaron fuera.
También cada vez más la reunión de las cuatro columnas en Once fue haciendo que varios jóvenes comenzaran a marchar desde este punto. En el que en 2005 fue muy conmovedora la oración realizada en la Plaza de la Memoria por los 194 jóvenes fallecidos en la tragedia de Cromagnon el 30 de diciembre de 2004. La oración, dirigida por Mon. Jorge Lozano, fue acompañada no solo por jóvenes sino también por muchos familiares de los jóvenes fallecidos.
En aquel año comenzó a verse un importante resurgimiento en la participación de la marcha. La misma se hacía tan larga que durante el mensaje que dirigió Bergoglio muchos chicos tuvieron inconvenientes para escucharlo.
A partir de este año la organización de la Eucaristía en Plaza de Mayo separó un lugar específico para los jóvenes, hacia la Av. Saenz Peña, lo que ayudó a los chicos a un acceso más cómodo, superando así la dispersión que solía verse por toda la Plaza, además de sentirse “esperados” por todos los adultos, con un  lugar importante en la Iglesia.
En 2006 el lema de la marcha fue “El vive entre nosotros”. Y desde este año la Pastoral de Jóvenes acompañó la organización mediante un subsidio, en el que se proporcionaba material para la preparación previa en cada una de las comunidades, y también algunas consideraciones prácticas acerca de la marcha. También este año fue emocionante la participación de los familiares de los fallecidos en Cromagnon, quienes acompañaron a la marcha llevando en andas una imagen de Ntra. Sra. de la Piedad.
Al año siguiente – 2007 –, en Av. de Mayo y Piedras la gran columna se detuvo para escuchar el mensaje del cardenal a los jóvenes y en un momento, se acercó a los gritos al altar una persona en estado de ebriedad. Bergoglio dijo: "No teman. Es uno más de los excluidos, 'sobrantes', a los que debemos incluir en la sociedad". Este gesto, como muchos otros, hizo que la marcha siempre pretenda convocar a “todos” a la Misa de Corpus Christi.
El lema aquel año fue “Esto que soy, Esto te doy. En lo organizativo es importante destacar que las vicarías zonales tuvieron un importante protagonismo en la organización de la marcha. Lo que hiz o que  la convocatoria siguiera creciendo. En Av. de Mayo se pudo compactar la gran columna de chicos, además de utilizarse equipos de sonido más potentes, y así lograr que todos puedan escuchar mejor al cardenal.
Así seguimos creciendo año tras año hasta el presente…

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