jueves, 11 de octubre de 2012

Dejarse mimar y mirar por la Madre


Comparto un artículo de mi autoría que se publicó en el suplemento de "Crónicas de la fe" que se publicó hoy jueves 11. 


A las 2.30 de la mañana estábamos celebrando la misa en la plaza de Luján, frente a la Basílica y me surgió este deseo "dejarme mimar y mirar por la Madre”. Eso es en el fondo lo que más necesita nuestro corazón y lo que cientos de miles de hombres y mujeres van a buscar a Luján.
En la previa a la peregrinación los medios habían comentado que cerca de 800.000 personas se iban a centros turísticos, y yo pensaba cuantos también iremos a visitar a la Virgen, ¡y no de turismo!
A diferencia de otras “noticias”, lo que va sucediendo a lo largo del sábado y el domingo es distinto: es una noticia que va conviviendo con otras noticias.
Yo la llamaría “buena noticia” es decir “Evangelio”. A diferencia de otras la misma no resaltan peleas, muertos o heridos; no hay discusiones políticas ni es un tema de la farándula; es solo algo de gente “común”. Cientos de “anónimos” que van cantando, rezando y pidiendo sabiendo que para “Alguien” no son “anónimos”, sino que tienen un nombre concreto: el nuestro (el tuyo y el mio).
¿No es impresionante ver una marea de hombres y mujeres, jóvenes y adultos, que van uniendo Liniers con Luján a lo largo de Rivadavia y la vieja ruta 7?
Caminantes que no son movidos por intereses políticos ni económicos, es el Pueblo que camina. Hermanos que van a pedir, agradecer, rezar, llorar y reír. Llevan el corazón y el de los suyos, la fragilidad de sus pies junto a los dolores de sus familiares y amigos, agradecen el trabajo y piden por los que no tienen, bendicen al Señor por la salud y la pide por los que padecen la enfermedad.
Para la cultura de lo útil en la que vivimos, es improductivo caminar. Para la cultura materialista peregrinar es pura gratuidad que cachetea; al mundo autosuficiente le cuesta entender la confianza y la humildad de pedir ayuda.
Cuando alguien comienza a peregrinar, empieza la aventura de llegar al lugar del reposo y el descanso. En camino a Luján lo que va surgiendo en el corazón es el deseo de encontrarse con los ojos de la Madre que están esperándote.
María es el regalo de Jesús en la cruz. Estando el próximo a la muerte, a los pies se encontraban María y el discípulo amado. Allí el Señor abrió casi por última vez su corazón y entregó a su Madre: “Aquí tienes a tu Madre” y al discípulo: “Aquí tienes a tu hijo”.
En Luján está nuestra Madre, ahí vamos los hijos. Allí esta la Madre de la patria.
El peregrinar es de hermanos y allí se da algo extraordinario: la peregrinación es de los pocos lugares donde hay diferentes equipos de fútbol (cada uno con su camiseta) pero no se agarran a piñas; piensan distinto pero se aceptan; son de distintos barrios pero se respetan; tienen distintas oportunidades laborales, económicas o de estudios pero se ayudan en el caminar.
Como no se entiende este trasfondo que hay, muchos decían si se suspendía por lluvia. Desde la primera peregrinación en el año 1975 nunca se suspendió la peregrinación, incluso en los momentos difíciles que vivimos.
Es importante entender el sentido religioso-social de la Peregrinación. La misma es una comparación con la vida: salimos con alegría, caminamos con otros, cantamos, llevamos nuestros dolores, gozo, deseo, peticiones, comemos, descansamos, y cuando cansado vemos el destino: empezamos a vislumbrar el destino último que es el cielo. Los Santuarios son un poco de ese cielo en la tierra. Aunque "molidos" ahí estamos...
Cuando hay un deseo profundo en el corazón nada nos detiene.
Y lo más lindo es llegar porque allí nos dejamos mimar y mirar por la Madre, y no hay nada más lindo que el abrazo de nuestra mamá, de la tierra y del cielo.


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