miércoles, 17 de septiembre de 2014

Padre Nuestro del educador

Padre nuestro que estás en el cielo y también con nosotros. Comenzamos en tu presencia esta jornada de trabajo con espíritu fraterno porque Tú eres nuestro Padre, Tú nos acompañas en este día nuevo que nos entregas y confías, para que seamos luz en el camino de tus hijos y descubramos con ellos que tu reino está en nosotros.
Santificado sea tu nombre. Que te alaben nuestros alumnos y te bendigan al ver nuestras buenas obras; que el nombre del Padre se haga visible en la convivencia familiar de nuestra comunidad educativa.
Venga Tu Reino. El Reino cuya maduración nos confiaste a cada uno de nosotros, que nuestras aulas sean la antesala de una sociedad renovada por la convivencia en la fraternidad.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Que la descubran todos los hombres y la realicen en todas partes, que nosotros la vivamos compartiendo solidariamente las cargas.
Danos hoy nuestro pan de cada día. El pan de la mesa familiar, el pan de la verdad y de la amistad, el pan de los ideales y de los valores que le dan sentido a la vida, el pan de la responsabilidad creadora para que lo compartamos cada día con los alumnos que nos confiaste y así crezcamos con ellos hasta la madurez del hombre nuevo.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Perdónanos nuestras mediocridades y nuestras limitaciones culpables, porque con ellas empobrecemos a nuestros alumnos, perdónanos nuestros desalientos y nuestras impaciencias que nosotros comprendamos y perdonemos a nuestros alumnos, como Tú nos comprendes y nos perdonas, que aceptemos a nuestros alumnos como son, para que lleguen a ser mejores.
No nos dejes caer en tentación. De hacer de nuestra vocación una mercancía que se vende y que se compra, de dar una enseñanza comprometida con la vida, de callar por miedo cuando debemos hablar, de desalentarnos ante el peso y las dificultades de cada día, de perder la confianza en nuestros alumnos.
Y líbranos del mal. Del paternalismo que aliena y no deja crecer y del autoritarismo que domestica; líbranos del mal terrible de no amar a nuestros alumnos, porque en ellos está la esperanza de la patria y del mundo del mañana. Amén.

Sí, Padre, así lo queremos, así lo esperamos de tu bondad porque Tú también lo quieres y juntos lo haremos posible.

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