lunes, 24 de septiembre de 2012

Bautismo para todos


Este artículo estaba pensado para salir en un diario. Lamentablemente no salió por eso lo publico en el blog...

Sin querer ser un eslogan es la imagen que me vino a la mente cuando por distintos medios se empezó a hablar del bautismo.
Irrumpió como una novedad en los medios algo que en la vida de la Iglesia es muy normal. Pero parece que no se conoce.
Dos eventos son los que me llevan a la reflexión. Uno, el bautismo de los hijos de Florencia de la V y el otro son las palabras que compartió en la homilía de la misa de clausura del Encuentro de Pastoral Urbana el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, afirmando que en algunas parroquias del gran Buenos Aires se les negaba el sacramento a hijos de madres solteras.
El texto al que me refiero es el siguiente: “Con dolor lo digo, y si parece una denuncia o una ofensa, perdónenme, pero en nuestra región eclesiástica hay presbíteros que no bautizan a los chicos de las madres solteras porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio. Éstos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen”.
Mi sorpresa fue mayor cuando Elizabeth Vernaci lo comentó en la radio, aplaudiendo lo que dijo Bergoglio y, si mal no entendí, diciendo que quisiera que su hijo tomara la comunión.
Todo esto me dejó pensando: ¡si hace años que no se le niega el bautismo a nadie! Pero si ¡ningún chico puede ser privado de la comunión!
Es doloroso descubrir que en algunos lugares esto sea así. Ya hace más de 10 años, en la llamada Región Buenos Aires, todos los obispos se habían puesto de acuerdo y se había dispuesto que no se niegue bajo ningún aspecto el bautismo a ningún chico. Discriminar por la cuna es de hipócritas.
Me sorprende mucho más que no se sepa que se bautiza siempre y que en casi todas las parroquias y capillas se prepara a los chicos para su comunión sin preguntar la situación de los papás, si están casados, separados o sos madre soltera; lo único que se pide es que los acompañen, y esto muchas veces hace que toda la familia se acerque nuevamente a una vida construida en la fe.
De fondo y como gran derecho humano está el derecho de esos chicos a recibir los sacramentos más allá de la situación de los papás.
En muchas comunidades, y especialmente en los santuarios, hay catecumenados —procesos de preparación para comprender de qué se trata recibir los sacramentos— pensados para los jóvenes y adultos que trabajan y tienen poco tiempo, y que muchas veces participan pero le falta alguno.
Incluso se hacen pequeños itinerarios de 3 meses —como en mi parroquia— donde también se facilita el acceso al sacramento del matrimonio a quienes hace años están juntos y por diversas razones no se casaron.
No es ni el pensamiento de la Iglesia ni la enseñanza de Jesús el que alguien quede afuera. Como bien dijo el cardenal Bergoglio en esa misma homilía son “los fariseos de hoy”. A ésos “Jesús no los banca” y creo que no me “bancaría” Jesús a mí, ni yo a mí mismo, si me plantara en la puerta de mi parroquia querida de villa lugano y no dejara entrar a quienes se acercan pidiendo bendición y vida en la fe para sus hijos.
Ser cristiano no es una idea o una doctrina. Ser cristiano es una manera de vivir, de ser humano con otros, hacia otros, con los otros. Irradiando testimonio de amor y fraternidad. De mirada de comprensión hacia toda la humanidad. Y el bautismo es una puerta privilegiada para comenzar a vivir una vida nueva, con la cabeza y el corazón oxigenados más allá de un imaginario.




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