miércoles, 19 de diciembre de 2012

Una carta que multiplicó la solidaridad


Viernes 14 por la mañana todo dispuesto para lo cotidiano y en especial para la finalización de las clases en el colegio. Sorpresa: la televisión en la puerta de la parroquia y preguntando por mí y el robo.
En ese instante tomo conciencia de que la carta que habíamos mandado al diario Clarín había sido publicada. En varias oportunidades nos habían ayudado y otra vez lo hicieron.
Un robo de comida —buscando paliar una necesidad—, una carta y los medios despertaron la solidaridad. Los mails y las redes sociales, el teléfono que no paraba.
Llamados y gente acercándose durante todo el viernes y el fin de semana. Periodistas que no pusieron la mirada en lo malo sino por sobre todas las cosas en lo bueno que viene. Muchos que pudimos recibir y atender, otros a los que les debemos la disculpa por no alcanzar a corresponder la generosidad de la llamada.
Siempre se dice que nuestra gente es solidaria: así lo es. Los vecinos y los lejanos; amigos y desconocidos transformaron un momento de zozobra en bonanza.
Este hecho triste ayudó a mostrar que la obra de amor es más grande que cualquier dificultad.
Lo que pasa, sea bueno o malo -el robo en este caso- nos da siempre la oportunidad de hacer consciente lo que cotidianamente, y en especial para las fiestas, se hacen en las distintas comunidades.
Muchas hermanas y hermanos de la parroquia daban gracias por esta exposición, pero me decían “qué feo es que vengan por lo que pasó”. La respuesta de otros junto a la mía era “qué bueno que podamos contar lo que vivimos en el barrio”.
Muchos se enteraron a cuántas familias ayudamos y que cada una no recibe para las fiestas solo algo de mercadería —pobre en relación a lo que necesitan— sino que buscamos que se enriquezca con pan dulce, turrones y confituras como la de cualquiera de nosotros.
La Navidad es tiempo de fiesta en el que hacemos presente el amor de Dios que quiere compartir la historia humana haciéndose hombre. Quiere estar con vos y conmigo, pero muy especialmente cercano de aquellos que están existencialmente solos.
Las fiestas para nosotros no son solo un poco de mercadería sino también la oportunidad de abrir las puertas de la parroquia para agasajar a quienes quieran, compartiendo la mesa el 24 después de la misa.
Este espacio se fue abriendo de a poco entre los fieles y aquellos que están solos: familias que traen lo suyo, abuelos que vamos a buscar, algún que otro enfermo. Este año Dios mediante incorporaremos a quienes viven en situación de calle, a los que se les da un plato de comida todos los viernes por las noches cuando los voluntarios salen a recorrer el barrio.
Podríamos decir que fue un “robo bendito”. Trajo bendición, solidaridad y la posibilidad de contar y mostrar lo que hacemos, como tantas capillas y parroquias a lo largo y ancho del país.
Recordemos que Navidad es Jesús, es el Emmanuel el “Dios con nosotros”, cerca nuestro, de nuestra vida, de nuestra realidad.
Queremos una Navidad para todos, donde nadie esté solo. Abramos el corazón a la venida del Salvador.
Dios nos bendiga a todos, pero en especial a todos aquellos que en estos días y a lo largo del año hacen posible que haya menos excluidos.

1 comentario:

  1. hola, buenas tardes. le escribo luego de ver la nota tan linda sobre la solidaridad en estos tiempos navideños. me gustaría colaborar y para eso le dejo mi mail para que nos comuniquemos.
    patgarciau@yahoo.com.ar
    feliz navidad a ud. y a los feligreses de la parroquia.
    saludos
    patricia

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