viernes, 16 de mayo de 2014

¡¡¡Una cama ortopédica para Ester!!!!

¡¡¡Una cama ortopédica para Ester!!!! Necesitamos 1640 personas que donen $10, entre todos no es mucho. ¿Quién se anima?

Necesitamos 1640 personas que donen $ 10
·         Cama eléctrica
·         2 barandas

·         Colchón hospitalario




·         Colcho de aire anti escaras


Sale $ 16.400.-
Si querés y podés acá van los datos de la cuenta para ayudar:

Banco francés suc 187
Cta. Cte 1266/9
A nombre de Parroquia Madre de Dios
CUIT 33544127859
CBU 0170187220000000126698

¡Ester y su familia te lo van a agradecer!




Padre Javier A. Klajner
Parroquia Madre de Dios
Av. Escalada 2350 - 1439 CABA
Rep. Argentina
Tel: (54 11) 4635-0395/7284
Skype: padrejavierk
Twitter: @pjavierklajner


lunes, 12 de mayo de 2014

En la Iglesia, la vida por Dios, la vida por el Pueblo.


Documento del Equipo de Sacerdote para las Villas que elaboraron con motivo de los 40 años de la muerte del Padre Mugica.

En la Iglesia, la vida por Dios, la vida por el Pueblo.

1) Padre Carlos Mugica: mártir de la causa de los pobres y símbolo de la lucha por la justicia social.

“¡Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si es que el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición!”

Estas son las palabras del padre Carlos Mugica después de sufrir el primer atentado contra su vida en agosto de 1971. En el anochecer del 11 de mayo de 1974 estas palabras proféticas se cumplieron.

Y aquel primer equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia le dio la siguiente interpretación: “La sangre del Padre Carlos –quien, pocos momentos antes, había bebido en el Altar de la Sangre de Cristo- corrió copiosamente, prolongando el sacrificio redentor de su Maestro y Señor. Jesucristo ya nos lo anunció: ‘Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí’ (Jn. 15) (1).

A Mugica no le arrebataron la vida; su martirio, más que una sorpresa, fue la consecuencia de un modo de vivir. Una vida ofrendada por sus hermanos más pobres. Por eso tal vez el mejor camino para entender al padre Carlos sea amar a los pobres, tener amistad con ellos. La figura de Carlos Mugica nos interpela, como si nos preguntara: ¿Qué pasaría si te pusieras realmente del lado de los más pobres? ¿Qué pasaría si nos tomáramos en serio el programa del Evangelio de Jesús: ese camino que va desde los pobres a todos? ¿Qué pasaría si realmente nos cautivara “el entusiasmo por vivir el Evangelio de la fraternidad y la justicia”? (2).

El Papa Francisco nos recuerda que “nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social”(3) por eso, el martirio del padre Carlos se volvió un símbolo para todos nosotros. A la devoción creyente que le tenemos, se suma la luz que arroja su figura sobre todos los que luchan y trabajan por un mundo más justo y humano. Mugica como símbolo se dio casi espontáneamente, aconteció. Se convirtió en un icono de la lucha por la justicia social.

2) Cuarenta años después el desafío continúa.

Desde el Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia de Buenos Aires, celebramos una mayor conciencia de la sociedad con respecto a la realidad de las Villas. Pero todavía hay gran desconocimiento y por consiguiente algunos prejuicios permanecen.

En la época del padre Carlos Múgica y durante mucho tiempo después, el mundo de las Villas era negado y ocultado. Las Villas aparecían como un espacio verde en los mapas. La sociedad prácticamente las ignoraba. Casi nada de la Villa era noticia para los medios. El Estado estaba ausente. Más tarde, ante el crecimiento evidente de las barriadas, cobró auge el punterismo político, donde casi todo se cerraba dentro de la Villa, muchas veces a espaldas de los mismos vecinos.

Como decíamos, hoy en la sociedad hay más interés por lo que se vive en las Villas. Y empieza a aparecer mayor presencia territorial del Estado –tanto de la Ciudad como de la Nación-, aún cuando esa presencia es todavía insuficiente y no del todo articulada. Siempre está latente la tentación de confundir esta presencia del Estado (que es un derecho de todos) con el accionar voluntario de una ONG, o de reducirla a un espacio partidista.

Realmente es loable el trabajo territorial, que empieza por escuchar mucho y que busca pasar de lo que parece que los pobres necesitan a lo que ellos verdaderamente precisan. Como siempre las diferentes ideas y conceptos acerca de las Villas se tendrán que confrontar una y otra vez con la realidad. La idea se elabora, la realidad es.(4)

En la actualidad los medios de comunicación hablan de las Villas, pero muchas veces desde la lejanía, con un tratamiento de las noticias que estigmatiza. Es así que alguna vez hemos escuchado frente a un hecho de inseguridad, la pregunta desde el estudio de televisión al periodista: ‘¿Hay alguna Villa cerca?’. Se asocia sin más a las personas que sufren la pobreza con el delito. Pero no tendríamos que olvidar que los vecinos y vecinas de las Villas tienen una vivencia más profunda de la inseguridad. Inseguridad también es no saber dónde se va a vivir dentro de unas semanas; o cuándo se va a lograr un trabajo estable; o dónde conseguir el medicamento que se necesita y no se puede comprar; o dónde van a ir los hijos a la escuela; o el temor a que los hijos adolescentes puedan quedar sumergidos en la droga, porque es una oferta muy a mano; o depender de un comedor comunitario para que los chicos coman, etc.

Los medios de comunicación tienen un enorme poder, pueden hacer mucho bien, pueden ayudar y mucho a que los habitantes de estas barriadas sean integrados al todo de la Ciudad.

La cultura popular que se gesta en nuestras Villas permite la convivencia de distintas nacionalidades unidas por la fe cristiana, por el idioma y por una historia y un presente común. La multiculturalidad es una rica realidad cotidiana para quien comparte el barrio con gente de orígenes culturales diversos; por eso no hay que desestimar la presencia de hermanos nuestros por no ser nacidos en el país. “Si algo no ha de resultar “extraño” (= extranjero) a nuestra sensibilidad, es precisamente el extranjero. Estamos en un pueblo que a lo largo de su historia ha incorporado continuamente a extranjeros, que aportaban valores de sus propias culturas.” (5)

Obviamente puede ser que aparezca también alguna visión por así decirlo romántica, idealizada, de las Villas. Pero estos casos son los menos.

Como expresamos en ocasiones anteriores, hoy el desafío que nos presentan las Villas es la integración urbana.(6) Para nosotros es un concepto superador al de urbanización. Urbanización hace referencia a lo que la Ciudad le da o le puede aportar a la Villa. El concepto de integración urbana quiere proponer una ‘cultura del encuentro’ ya que también las Villas le aportan y le pueden aportar mucho al todo de la Ciudad.

Compartiendo la mirada desde la Villa proponemos algunos ejemplos:
·         La vivencia de una fe que genera historia, porque sabe que Dios quiere la felicidad de sus hijos aquí en la tierra, aunque estén llamados a la vida feliz del Cielo.(7)
·         El entramado de solidaridad que sabe hacerse cargo de situaciones de dolor y de deseos de vivir mejor.
·         La capacidad de fiesta aún en medio de dificultades, y a través de ella, la posibilidad de conservar las raíces culturales, es decir aquello recibido de los mayores.
·         La laboriosidad y el trabajo: muchos vecinos y vecinas de las Villas trabajan en la Ciudad, en la construcción, como personal doméstico, en el cuidado de personas, manejando el transporte público, en la recolección de residuos, en distintos servicios técnicos, etc. Y lo hacen con la ilusión de pasar del techo de chapa a la loza para poder cobijar a hijos y nietos
Para integrar es necesario un diálogo entre la cultura urbana y la cultura popular que se da en la Villa. Diálogo que por ser cultural es a la vez político y social. “¡Que hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo!” (8)

3) El Pueblo como sujeto de la historia. Sus anhelos y esperanzas

El padre Carlos Mugica tenía una concepción casi sagrada de lo que significa “ser pueblo”. Lo que hace que un pueblo sea un pueblo son sus aspiraciones comunes, el proyecto común que lo pone en marcha. Para nosotros el corazón del pueblo late en los pobres y pequeños, porque en sus anhelos más profundos siempre apuntan a lo esencial.

El corazón del pueblo pobre de la Villa, nos pide que lo ayudemos a cuidar su máxima riqueza que son sus hijos. Y este pedido no puede desoírse, sobre todo si tomamos conciencia que casi la mitad de los habitantes de la Villas son niños y adolescentes, ya que el 43% tiene menos de 17 años.

Se necesita entonces una conducción estratégica que tenga una mirada de conjunto de estas aspiraciones centrales y que pueda proyectarse en el tiempo de manera sostenida, trabajando con convicciones claras y con tenacidad. Acompañar procesos que construyan pueblo es darle prioridad al tiempo (9). Todo lo contrario a preocuparse por poseer espacios, desatando esas peleas que buscan el rédito político fácil. El único ‘rival’ a vencer es la exclusión social grave que hipoteca el futuro de los niños y adolescentes de las Villas, dejándolos a merced de los hijos de las tinieblas.

Sin ser técnicos, pero escuchando diariamente a los vecinos y vecinas de las villas, señalamos algunas prioridades:
·         Vivienda: muchas familias de las Villas viven hoy una situación de emergencia habitacional. Por otro lado en pocos años muchas familias se desdoblarán. Por eso es importante considerar a que proyectos destinar los terrenos que hay en la Ciudad, dando prioridad a las viviendas sociales.
·         Educación: dar a la educación todo, es un camino muy concreto si realmente queremos cuidar a los niños y adolescentes de nuestros barrios. Los comienzos de año son muy complicados a la hora de conseguir vacantes sobretodo para el nivel inicial y el primer grado. Por otro lado la escuela tiene que salir al barrio y motivar a esos adolescentes que la abandonaron a empezar nuevamente. Realmente este es un gran desafío.
·         Salud: Dice la sabiduría popular ‘Si falta la salud falta todo’. Nunca es mucho todo lo que se invierta en los hospitales y centros de salud cercanos a nuestros barrios en materia de prevención y de cuidado de la salud. Así como es necesario asegurar el ingreso de las ambulancias de emergencia cuando se las necesite.
·         Trabajo: No sólo se trata de asegurar la comida, sino que hay que dar trabajo, porque el trabajo expresa la dignidad de las personas, y es la herramienta clave para sacar de la exclusión. Hay muchos trabajadores que se agrupan en nuestros barrios en diferentes familias de oficios. Tal vez una ayuda valiosa pueda ser facilitar la conformación de cooperativas de trabajo. Pero sin lugar a dudas aquí tiene que aparecer con mucha más fuerza el mundo empresario apostando por los vecinos y vecinas de nuestros barrios. El exponente mayoritario de nuestras Villas es el trabajador que quiere sacar a su familia adelante.

Quisiéramos terminar recordando la meditación en la Villa del padre Carlos Mugica escrita en el año 1969.
“Señor, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos que parecen tener ocho años, tengan trece;
Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro; yo me puedo ir, ellos no;
Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor a las aguas servidas, de las que me puedo ir y ellos no;
Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme de que ellos no pueden hacerlo.
Señor, yo puedo hacer una huelga de hambre y ellos no: porque nadie hace una huelga con su hambre;
Señor, perdóname por decirles "no sólo de pan vive el hombre", y no luchar con todo para que rescaten su pan;
Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí. Ayúdame;
Señor, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir para ellos;
Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz. Ayúdame.”
Que la Virgen de Luján, la Madre del Pueblo, nos inspire una fe auténtica como la del padre Carlos, una fe que quiera cambiar el mundo, y dejar algo mejor detrás de nuestro paso por esta vida cuando llegue la hora de la luz.

- Guillermo Torre, Martín Carrozza y Eduardo Drabble de la Villa 31.
- Lorenzo De Vedia, Carlos Olivero, y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Gustavo Carrara, Hernán Morelli y Nicolás Angellotti de la Villa 1-11-14.
- Franco Punturo, Sebastián Risso y Pedro Nicola de la Villa 20.
- Sebastián Sury y Damián Reynoso de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Gastón Colombres de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.
- Facundo Berretta y Matías De Martini de la Villa 19 y de la Villa 6.
- Enrique Evangelista y Juan Gabriel Arias de la Villa 26.
- Alejandro Seijo de la Villa Rodrigo Bueno.
- Rodrigo Valdez y Mario Miceli de la Villa Playón de Chacarita.
- Andrés Tocalini de la Villa los Piletones.
Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 11 de mayo de 2014.

- Adhiere José María Di Paola de la Villa la Carcova. (San Martín)


Notas:
(1) Vernazza Jorge. Homilía en el funeral del padre Mugica. Para comprender una vida con los pobres, los curas villeros. Editorial Guadalupe. 1989. Pag. 51-52.
(2) Papa Francisco. Evangelii Gaudium Nº 179.
(3) Papa Francisco. Evangelii Gaudium Nº 201.
(4) Cfr. Papa Francisco. Evangelii Gaudium Nº 231-233.
(5) Gera Lucio. Nuestra Mirada. Documentos y reflexiones del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia. Editora Patria Grande. Buenos Aires. Septiembre 2009. Pág. 10.
(6) Reflexiones en torno a la urbanización y el respeto a la cultura villera.’ (11 de junio de 2007) y ‘Celebrar el Bicentenario en la Ciudad de Buenos Aires (2010-2016)’. (11 de mayo de 2010)
(7) Cfr. Papa Francisco. Evangelii Gaudium Nº 181-182.
(8) Papa Francisco. Evangelii Gaudium Nº 210.
(9) Papa Francisco. Evangelii Gaudium Nº 222-225.

sábado, 10 de mayo de 2014

Declaración "Felices los que trabajan por la paz"

Compartimos la declaración final de la conferencia de los obispos argentinos...


1. Como pastores del pueblo de Dios -del que provenimos y al que queremos servir- nos dirigimos a todos los miembros de la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad, para compartir nuestra mirada sobre un aspecto inquietante de la realidad nacional. Constatamos con dolor y preocupación que la Argentina está enferma de violencia. Algunos de los síntomas son evidentes, otros más sutiles, pero de una forma o de otra todos nos sentimos afectados. Queremos detenernos a reflexionar sobre este drama porque creemos que el amor vence al odio y que nuestro pueblo anhela la paz.
2. Son numerosas las formas de violencia que la sociedad padece a diario. Muchos viven con miedo al entrar o salir de casa, o temen dejarla sola, o están intranquilos esperando el regreso de los hijos de estudiar o trabajar. Los hechos delictivos no solamente han aumentado en cantidad sino también en agresividad. Una violencia cada vez más feroz y despiadada provoca lesiones graves y llega en muchos casos al homicidio. Es evidente la incidencia de la droga en algunas conductas violentas y en el descontrol de los que delinquen, en quienes se percibe escasa y casi nula valoración de la vida propia y ajena. La reiteración de estas situaciones alimenta en la población el enojo y la indignación, que de ninguna manera justifican respuestas de venganza o de la mal llamada “justicia por mano propia”. La creciente ola de delitos ha ganado espacio en los diversos medios de comunicación, que no siempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y al dolor. Con frecuencia en nuestro país se promueve una dialéctica que alienta las divisiones y la agresividad.
3. No se puede responsabilizar y estigmatizar a los pobres por ser tales. Ellos sufren de manera particular la violencia y son víctimas de robos y asesinatos, aunque no aparezcan de modo destacado en las noticias. Conviene ampliar la mirada y reconocer que también son violencia las situaciones de exclusión social, de privación de oportunidades, de hambre y de marginación, de precariedad laboral, de empobrecimiento estructural de muchos, que contrasta con la insultante ostentación de riqueza de parte de otros. A estos escenarios violentos corremos el riesgo de habituarnos sin que nos duela el sufrimiento de los hermanos. Todo lo que atenta contra la dignidad de la vida humana es violación al proyecto de amor de Dios: la desnutrición infantil, gente durmiendo en la calle, hacinamiento y abuso, violencia doméstica, abandono del sistema educativo, peleas entre “barrabravas” a veces ligadas a dirigentes políticos y sociales, niños limpiando parabrisas de los autos, migrantes no acogidos e, incluso, la destrucción de la naturaleza. Hemos endurecido el corazón incorporando estas desgracias como parte de la normalidad de la vida social, acostumbrándonos a la injusticia y relativizando el bien y el mal. Es creciente la tendencia al individualismo y egoísmo, de los cuales despertamos sobresaltados cuando el delito nos afecta o toca cerca. El Papa Francisco señala que “se ha desarrollado una globalización de la indiferencia...” (Evangelii Gaudium 54).
4. Pero no nos ayuda culpar a los demás. Para lograr una sociedad en paz cada uno está llamado a sanar sus propias violencias. Es necesario reconocer las diversas crisis por las que atraviesa la familia, que es la primera escuela de paz. En ella aprendemos la buena noticia del amor humano y la alegría de convivir. Muchos niños y adolescentes crecen solos y en la calle provocando el debilitamiento de los vínculos sociales. Esto también repercute en la escuela. Episodios de violencia escolar se desarrollan ante la mirada pasiva de algunos hasta que es demasiado tarde. Muchos jóvenes ni estudian ni trabajan, quedando expuestos a diversas formas de violencia. 
5. La corrupción, tanto pública como privada, es un verdadero “cáncer social” (EG 60), causante de injusticia y muerte. Desviar dineros que deberían destinarse al bien del pueblo provoca ineficiencia en servicios elementales de salud, educación, transporte. Estos delitos habitualmente prescriben o su persecución penal es abandonada, garantizando y afianzando la impunidad. Son estafas económicas y morales que corroen la confianza del pueblo en las instituciones de la República, y sientan las bases de un estilo de vida caracterizado por la falta de respeto a la ley. A ello se agregan mafias del crimen organizado sin freno dedicadas a la trata de personas para la esclavitud laboral o sexual, el tráfico de drogas y armas, los desarmaderos de autos robados, etc.
6. Para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en el respeto de la ley. Desde las reglas más importantes establecidas en la Constitución Nacional, hasta las leyes de tránsito y las normas que rigen los aspectos más cotidianos de la vida. Sólo si las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruir los lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes tenemos alguna autoridad. La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblece y dignifica a la persona. Esto vale también para los reclamos por nuestros derechos, que deben ser firmes pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de los demás. Frente al delito, deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia. Algunos profesionales suelen utilizar de modo inescrupuloso artilugios legales para burlar o esquivar la justicia: también esto es inmoral.
7. La cárcel genera en la sociedad la falsa ilusión de encerrar el mal, pero ofrece pocos resultados. El sistema carcelario debe cumplir su función sin violar los derechos fundamentales de todos los presos, cuidando su salud, promoviendo su reeducación y recuperación. Nos duele y preocupa que casi la mitad de los presos no tenga sentencia. La mayoría de ellos son jóvenes pobres y sin posibilidades para contratar abogados que defiendan sus causas. Ningún delito justifica el maltrato o la falta de respeto a la dignidad de los detenidos. Gracias a Dios algunos cumplen la palabra de Jesús: “Estuve preso y me visitaron” (Mt 25,36).
8. Nos estamos acostumbrando a la violencia verbal, a las calumnias y a la mentira, que “socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2486). Urge en la Argentina recuperar el compromiso con la verdad, en todas sus dimensiones. Sin ese paso estamos condenados al desencuentro y a una falsa apariencia de diálogo.
9. Estos síntomas son graves. Sin embargo, en el cuerpo de nuestra sociedad se encuentran también los recursos para afrontar el paciente camino de la recuperación. Todos estamos involucrados en primera persona. Destacamos, ante todo, el profundo anhelo de paz que sigue animando el compromiso de tantos ciudadanos. No hay aquí distinción entre creyentes y quienes no lo son. Todos estamos llamados a la tarea de educarnos para la paz.
10. Nosotros creemos que Dios es “fuente de toda razón y justicia” y que los peores males brotan del propio corazón humano. El vínculo de amor con Jesús vivo cura nuestra violencia más profunda y es el camino para avanzar en la amistad social y en la cultura del encuentro. A esto se refiere el Papa Francisco cuando nos invita a “cuidarnos unos a otros”. Jesús nos enseñó que “Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). No hay persona que esté fuera de su corazón. En su proyecto de amor la humanidad entera está llamada a la plenitud. No hay una vida que valga más y otras menos: la del niño y el adulto, varón o mujer, trabajador o empresario, rico o pobre. Toda vida debe ser cuidada y ayudada en su desarrollo desde la concepción hasta la muerte natural, en todas sus etapas y dimensiones. Jesús es nuestra Paz, en él encontramos Vida y Vida abundante. A Él volvemos nuestra mirada y en Él ponemos nuestra esperanza para renovar nuestro compromiso en favor de la vida, la paz y la salud integral de nuestra querida Patria. Jesús nos dice: “Felices los que trabajan por la paz…” (Mt 5,9). Muchos ya lo están haciendo. Hay destacables iniciativas en escuelas, parroquias, clubes, talleres artísticos y otras organizaciones de la sociedad. Los alentamos a seguir siendo instrumentos de paz. Exhortamos particularmente a la dirigencia a desarrollar un diálogo que genere consensos y políticas de estado para superar la situación actual.
11. La Virgen de Luján, presente en el corazón creyente de tantos argentinos y argentinas, nos anima y acompaña en nuestro empeño “…porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes…” (EG 288)

Los obispos argentinos
Pilar - 107 Asamblea plenaria
8 de mayo de 2014, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján
 

domingo, 27 de abril de 2014

¡Solo por hoy! (Decálogo de Juan XXIII)

Solo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día. Sin querer resolver el problema de mi vida toda de una vez.
Solo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto cortés en mis maneras no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar ni disciplinar a nadie sino a mi.
Solo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad. No solo en el otro mundo sino en este también.
Solo por hoy me adaptare a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten a mis deseos.
Solo por hoy dedicare 10 minutos de mi tiempo a una buena  lectura, recordando que como el alimento es necesario para la vida del alma.
Solo por hoy haré una buena acción y no la diré a nadie.
Solo por hoy haré una cosa por lo menos que no deseo hacer y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
Solo por hoy haré un programa determinado, quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
Solo por hoy creeré firmemente  aunque las circunstancias demuestren lo contrario. Que la divina providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
Solo por hoy no tendré temores, de manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Puedo hacer el bien durante 12 horas lo que me descorazonaría si pensase tener que hacerlo durante toda mi vida.

Homilía que pronunció el Papa Francisco en misa canonización Juan XXIII y Juan Pablo II

En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que San Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado.

Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).

Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1 P 2,24; cf. Is 53,5).

San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte la cercanía materna de María.

En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había «una esperanza viva», junto a un «gozo inefable y radiante» (1 P 1,3.8). La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus discípulos, y de los que nada ni nadie les podrá privar. La esperanza y el gozo pascual, purificados en el crisol de la humillación, del vaciamiento, de la cercanía a los pecadores hasta el extremo, hasta la náusea a causa de la amargura de aquel cáliz. Ésta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno.

Esta esperanza y esta alegría se respiraban en la primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, como se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2,42-47). Es una comunidad en la que se vive la esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad.

Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos.

No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, San Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu.

En este servicio al Pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene.

Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama.

sábado, 26 de abril de 2014

Papa Francisco a los jóvenes en la Jornada Regional de Jóvenes en el Planetario

Queridos chicos y chicas, un saludo y ¡Feliz Pascua!

¡Toda la semana es Pascua! “¡Es el gran día que hizo el Señor!”
Quiero acercarme a ustedes, me lo pidió el Arzobispo de Buenos Aires, y lo hago con gusto. Quiero acompañarlos un instante en esta jornada, en esta Pascua de la Juventud.

Estaba pensando mientras bajaba a hacer esta grabación, qué les iba a decir. “Que hagan lío” ya se los dije. “Que no le tengan miedo a nada” ya se los dije. “Que sean libres” ya se los dije.
Entonces me vino a la mente la figura de algunos jóvenes del Evangelio. Algunos jóvenes que se cruzaron con Jesús o de los cuales habló Jesús. Quizás pueda ayudar. Si les sirve, lo asumen, si no les sirve, lo tiran.

Pensé en los jóvenes Apóstoles, pensé en el joven rico, pensé en el joven que se fue a buscar nueva vida con la herencia de su padre, pensé en el joven muerto. Los apóstoles eran jóvenes, unos no tanto, otros sí. Juan era un muchachito. Y quedaron conmovidos por la figura de Jesús, entusiasmados, con ese estupor que produce cuando uno se encuentra con Jesús. Y van corriendo y le dicen a los amigos: “¡Encontramos al Mesías! ¡Encontramos a aquél del que hablan los profetas!”.
¡Encontrarse con Jesús¡ Vean ustedes esa conducta de los Apóstoles. Y después los apóstoles flaquearon, después no se portaron tan bien. Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás se escaparon. Es decir, después viene la lucha por ser fieles a ese encuentro, el encuentro con Jesús. Y yo te pregunto a vos: ¿Vos, cuándo te encontraste con Jesús?, ¿Cómo fue el encuentro con Jesús?, ¿Tuviste un encuentro con Jesús o lo estás teniendo ahora? ¡Los jóvenes apóstoles! Piensen en Pedro, Santiago, Juan, Natanael, cómo se fueron encontrando con Jesús.

Otro joven que me vino a la mente es el joven rico, ese que se acerca a Jesús con una vida intachable, un muchacho bueno, y le dice: 

- ¿Qué tengo que hacer para madurar mi vida, para tener la vida eterna? 
- Jesús le dice: “Cumplí los mandamientos y andá adelante”. 
- “Si ya los cumplí siempre”.

El Evangelio dice que: “Jesús lo amó”, y entonces le dijo: “Mirá, te falta una cosa: da todo lo que tenés a los pobres y vení conmigo, a predicar el Evangelio”. Y ese chico se fue triste. Se fue triste porque tenía mucha guita y no se animó a dejarla por Jesús. Y se fue con SU plata y con SU tristeza. Los primeros estaban con su alegría, con esa hermosa alegría que daba el encuentro con Jesús. Éste se fue con su tristeza.

El otro joven, ese joven que se quiso pasar de vivo, que quiso escribir su vida, que quiso patear el tablero de la disciplina paterna, y enfrentó a su padre y le dijo: “dame lo que me toca, que me voy”. Y se fue. Todos esos años fueron años de farra. Gastó la plata en boliche, en vicios, la pasó bien. La plata se le gastó, se acabó. Y de yapa vino una crisis económica, tuvo que buscar trabajo, no había trabajo, y consiguió como cuidador de chanchos. Y éste, que había tenido mucha plata, que le había sacado a su padre de la herencia, que había sabido lo que era estar en los mejores hoteles y en las mejores fiestas, se había pasado la gran vida, conoció una cosa que nunca antes había conocido: hambre.

Pero Dios es muy bueno. Dios aprovecha nuestros fracasos para hablarnos al corazón. No le dijo Dios a este joven: “Sos un fracasado, mirá lo que hiciste”. Lo hizo razonar. Dice el Evangelio que: “Entró dentro de sí” “¿Qué hago con esta vida? La farra no me sirvió para nada. ¡Cuántos obreros en la fábrica de mi padre ganan su sueldo y tienen que comer! Yo tengo hambre y soy el hijo del patrón. Me levantaré, iré a mi padre y diré mi verdad: ‘Pequé contra el cielo y contra ti’.” Y volvió.
La gran sorpresa que se pegó es que el padre lo estaba esperando, desde hacía años! El Evangelio dice que lo vio venir de lejos, porque el viejo subía todas las tardes a la terraza a ver si el chico venía. Y el padre lo abrazó y el padre le hizo fiesta. Y este gran pecador; este gran despilfarrador de lo que había ganado su padre se encontró con algo que nunca había hecho conciente: el abrazo de la misericordia. 

Otro joven del Evangelio: Pensé en el joven muerto también, a la salida de la ciudad de Naím, cuando lo iban a enterrar: hijo único de madre viuda. Jesús se compadeció de la madre, no del pibe. Pero el pibe, gracias a la madre, tuvo el milagro y lo resucitó.

¿Vos quién sos?, ¿El entusiasta, como los apóstoles primero, antes de iniciar el camino?, ¿El que quiere seguir a Jesús porque le gusta pero está atornillado con tantas cosas que lo atan y no lo puede seguir, como el joven rico a la mundanidad, a tantas cosas?, ¿Cómo aquél que se gastó toda la herencia de su padre, pero que se animó a volver y está sintiendo en este momento el abrazo de la misericordia?, ¿O estás muerto? Si estás muerto, sabé que la Madre Iglesia está llorando por vos, y Jesús es capaz de resucitarte. Decime, ¿quién sos vos? Decítelo a vos mismo y eso te va a dar fuerza. 

- “Padre, usted es injusto, - me van a decir las chicas - porque los ejemplos que da es para los varones, ¿y nosotras qué?”

Ustedes son aspirantes a consolidar con su vida la ternura y la fidelidad. Ustedes están sobre el camino de esas mujeres que seguían a Jesús, en las buenas y en las malas. La mujer tiene ese gran tesoro de poder dar vida, de poder dar ternura, de poder dar paz y alegría. Hay un solo modelo para ustedes, María: La mujer de la fidelidad, la que no entendía lo que le pasaba pero obedeció. La que en cuanto supo lo que su prima necesitaba, se fue corriendo, la Virgen de la Prontitud. La que se escapó como refugiada en un país extranjero para salvar la vida de su hijo. La que ayudó a crecer a su Hijo y lo acompañó, y cuando su Hijo empezó a predicar, iba detrás de Él. La que sufrió todo lo que le estaba pasando a ese chico, a ese muchacho grande. La que estaba al lado de ese Hijo y le decía los problemas que había: “Mirá: no tienen vino”. La que en el momento de la Cruz estaba junto a Él.

La mujer tiene una capacidad para dar vida y para dar ternura que no la tenemos los varones. Ustedes son mujeres de Iglesia. ¿De Iglesia, del Iglesia? No, no es “el” Iglesia, es LA iglesia. La Iglesia es femenina, es como María. Ése es el lugar de ustedes. Ser Iglesia, conformar Iglesia, estar junto a Jesús, dar ternura, acompañar, dejar crecer. 

Que María, la Señora de la Caricia, la Señora de la Ternura, la Señora de la Prontitud para servir, les vaya indicando el camino. Bueno, ahora no se enojen, que ustedes salieron ganando sobre los varones. Les deseo que este día termine bien. Que cada uno de ustedes se encuentre con Jesús, con ese Jesús resucitado. Y les digo una cosa: ¡No tengan miedo! ¡Miren a Jesús, miren a María y vayan adelante! 

- “Padre ¡que soy pecador, soy pecadora!”

¡Él te perdona! Vos andá adelante, que tengan una santa pascua y no se olviden de rezar por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen los cuide.

(Transcripción del original español: jesuita Guillermo Ortiz).

Tomado de  http://es.radiovaticana.va/news/2014/04/26/%C2%BFtuviste_un_encuentro_con_jes%C3%BAs_o_lo_estas_teniendo_ahora%2c_pregunta/spa-794219 

sábado, 19 de abril de 2014

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia PASCUAL 2014

El Evangelio de la resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: «Vosotras no temáis» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea» (v. 7). Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).

Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces,
aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22).

Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.

También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el
fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.

Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.

El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!