domingo, 19 de enero de 2014

¿Éste es el Cordero de Dios, que quita los impuestos?


"Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" es lo que anuncia Juan Bautista a sus discípulos al borde del Jordán.

Acá las lecturas: http://padrejavierklajner.blogspot.com.ar/2014/01/lecturas-del-segundo-domingo-durante-el.html

¿Y si El Bautista hubiera dicho "es el que quita los impuestos"? escuché hoy al párroco de la Nuestra Señora del Carmen en Pozuelo, cerca de Madrid. Y me dejó pensando.

Seguramente muchos de nosotros nos acercaríamos a Jesús si su propuesta fuera en esa línea.

Lo triste es no darnos cuenta que Jesús viene para quitar los pecados, para liberarnos de las esclavitudes, que es más profundo que el "Impuesto al Valor Agregado". 

Nuestra cultura materialista nos hace perder muchas veces lo profundo.

Jesús vino por lo pecadores no por los justos, por los enfermos y no los sanos y sus acompañantes de camino y en las mesas no eran justamente los "religiosamente correctos".

Juan Bautista lo señala a Jesús, el Cordero de Dios, para que lo miramos y nos dejemos mirar por el Salvador y dador de Vida.

Es una invitación a abrirnos a la curación que quiera darnos. Si no tenemos pecado, si no nos reconocemos necesitados de su misericordia, podríamos perdernos a Jesús que vino a quitar los pecados.

El toma sobre sus hombros los pecados, nos vacía de ellos, y nos llena de su presencia, de su gracia.

Es una invitación a la Reconciliación, a renovarnos.

La mano está tendida, el Señor te espera. Abre el corazón, viene por ti.

Pueden quitarte el impuesto, pero quizá buscando eso pierdas la vida.

Que terminemos este bendecido domingo dando gracias a Dios por su amor fiel.


Lecturas del segundo domingo durante el año

TIEMPO DURANTE EL AÑO - "A"

DOMINGO SEGUNDO
Yo te destino a ser la luz de las naciones
Lectura del libro del profeta Isaías     49, 3-6

El Señor me dijo:
«Tú eres mi Servidor, Israel,
por ti Yo me glorificaré».
Pero yo dije: «En vano me fatigué,
para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza».
Sin embargo, mi derecho está junto al Señor
y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, habla el Señor,
el que me formó desde el vientre materno
para que yo sea su Servidor,
para hacer que Jacob vuelva a Él
y se le reúna Israel.
Yo soy valioso a los ojos del Señor
y mi Dios ha sido mi fortaleza.
Él dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor
para restaurar a las tribus de Jacob
y hacer volver a los sobrevivientes de Israel;
Yo te destino a ser la luz de las naciones,
para que llegue mi salvación
hasta los confines de la tierra».
Palabra de Dios.


SALMO
     Sal 39, 2 y 4ab. 7-8. 9. 10 (R.: 8 y 9c)

R.
 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé confiadamente en el Señor:
Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy». R.

«En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón». R.

Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor. R.
Llegue a ustedes la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre,
y del Señor Jesucristo
Principio de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     1, 1-3

    Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.
    Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.


ALELUIA
     Jn 1, 14a. 12a

Aleluia.
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
A todos los que la recibieron
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Aleluia.


EVANGELIO
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 29-34

    Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije:
        Después de mí viene un hombre que me precede,
        porque existía antes que yo.
    Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel».
    Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo".
    Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

jueves, 16 de enero de 2014

“Vocaciones, testimonio de la verdad”.


Este es el mensaje del Papa Francisco con ocasión de la Jornada Mundial de oración por las vocaciones que se celebrará el 11 de mayo... Este es el texto completo:

Queridos hermanos y hermanas:
1. El Evangelio relata que «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas… Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas “como ovejas que no tienen pastor”. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”» (Mt 9, 35-38). Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Jesús, en cambio, afirma que «la mies es abundante». ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él (Cf. Jn 15,5). Por tanto, la oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos «colaboradores de Dios», se prodigó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Con la conciencia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es inescrutable la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, el Apóstol recuerda a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois campo de Dios» (1 Co 3,9). Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.
2. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista: «Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3); o también: «El Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya» (Sal 135,4). Pues bien, nosotros somos «propiedad» de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eternamente «porque su amor es para siempre» (Cf. Sal 136). En el relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La imagen elegida es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el renacer de la vida en primavera (Cf. Jr 1, 11-12). Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, pero asegura el Apóstol «vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co 3,23). He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús, que nos confirió el Bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva. Es Cristo, por lo tanto, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos en él, amándole «con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser» (Mc 12,33). Por eso, toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas» (Discurso a la Unión internacional de superioras generales, 8 de mayo de 2013). Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón (Cf. 1 P 3,15) para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en servicio concreto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.
3. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Jn 6, 63). María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Os hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en vosotros y en torno a vosotros las mejores energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35)?
4. Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria» (Cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (Cf. Mt 13, 19-22). Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes. Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013). A vosotros obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas os pido que orientéis la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31).
Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros. Con este deseo, y pidiéndoos que recéis por mí, imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 15 de Enero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

El llanto de Ana

Comparto con ustedes la primera lectura de la misa de hoy martes y un pequeño comentario.

La lectura es del primer libro de Samuel (1, 10-20) : 

"Ana, con el alma llena de amargura, oró al Señor y lloró desconsoladamente. Luego hizo este voto: «Señor de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor para toda su vida, y la navaja no pasará por su cabeza».


    Mientras ella prolongaba su oración delante del Señor, el sacerdote Elí miraba atentamente su boca. Ana oraba en silencio; sólo se movían sus labios, pero no se oía su voz.


    Elí pensó que estaba ebria, y le dijo: «¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? ¡Ve a que se te pase el efecto del vino!»


    Ana respondió: «No, mi señor; yo soy una mujer que sufre mucho. No he bebido vino ni nada que pueda embriagar; sólo me estaba desahogando delante del Señor. No tomes a tu servidora por una mujer cualquiera; si he estado hablando hasta ahora, ha sido por el exceso de mi congoja y mi dolor».


    «Vete en paz, le respondió Elí, y que el Dios de Israel te conceda lo que tanto le has pedido».


    Ana le dijo entonces: «¡Que tu servidora pueda gozar siempre de tu favor!» Luego la mujer se fue por su camino, comió algo y cambió de semblante.


    A la mañana siguiente, se levantaron bien temprano y se postraron delante del Señor; luego regresaron a su casa en Ramá. Elcaná se unió a su esposa Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, y a su debido tiempo dio a luz un hijo, al que puso el nombre de Samuel, diciendo: "Se lo he pedido al Señor".
 
Hay dos personajes, en verdad tres: Ana, el sacerdote Eli y Dios.


Ana llega al santuario llevando su amargura por no poder tener familia, y desde ese dolor abre el corazón a Dios y suplica. Oración profunda, como la de muchos de los hombres y mujeres de nuestro pueblo peregrino. 

Elí, encerrado en si mismo, siendo sacerdote lo vemos considerando todo superficialmente y creo que la mujer está borracha. Su mala interpretación de la realidad y la falta de delicadeza de preguntar que le pasa, lo lleva a pensar que estaba ebria y la "manda a su casa".

La respuesta de ella es contundente "NO es lo que parece". Le muestra su dolor, y parece que recién allí el corazón de Eli se mueve y llega a profetizar que se iba a cumplir lo que deseaba.

Dios cumple su promesa. Milagro de fecundidad que viene desde el desgarro más profundo del alma de la mujer que logra "robar" la vida nueva. 

Elí, si bien no interpreta en un comienzo lo que pasa por el corazón de la mujer, igual es el mediador de lo de Dios. 

Este texto es una invitación por un lado a no bajar los brazos ni dejar de insistir a Dios desde lo profundo de las entrañas, y por otro lado a tener una mirada desprejuiciada de la realidad, sabiendo que las apariencias engañan, buscando ser más un puente que alguien que separe.





sábado, 11 de enero de 2014

El Bautismo del Señor - Comentario

Antes de leer el comentario podés ver y rezar con las lecturas de esta fiesta: http://padrejavierklajner.blogspot.com/2014/01/el-bautismo-del-senor-lecturas.html

Este fin de semana como Iglesia celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. 

Es una invitación a renovar la unción bautismal y a mirarnos como Iglesia, comunidad de creyentes en la cual  hay un lugar para todos.

¡Qué lindo es escuchar al Padre que dice sobre Jesús. "Éste es mi hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección"! Eso mismo Dios dice sobre nosotros en el Bautismo: "Sos mi hijo querido, tengo puesta mi predilección en ti".

La profundidad de esta elección la podemos comprender con las palabras del profeta Isaías que leemos en la primera lectura: "Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu…, te sostuve de la mano, te formé". 

Sostén, elección, formación son verbos que hablan de delicadeza, de deseo profundo del corazón. En este contexto es interesante comprender que el Bautismo no es un mero rito de iniciación a una religión (en este caso la cristiana) ni un acto social, sino la elección de Dios sobre nosotros haciéndonos hijos amados suyos y hermanos entre nosotros. Es una elección con predilección que a la vez nos envía a ser testigos de este amor de predilección.

Cuando uno se siente querido, amado, el corazón rebosa de ese amor y se difunde. Eso se nota en la mirada, los gestos, las pequeñeces. El amor hace superar cualquier limitación.

En un mundo donde somos desechados, es sanante que nos sepamos amados.

Me parece muy iluminador lo que escribe el Papa Francisco en Evangelii Gaudium “Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».” (EG 53)

La respuesta cristiana es clara: sos alguien valioso. No sos algo sino alguien, amado por lo que sos no por lo que haces. Sos creado por amor. Dios no puede dejar de amar lo que el creo; él es fiel aunque nosotros seamos infieles.

Y rescatando lo que soy y ni lo que hago, nos podemos reconocer como hermanos, caminantes, peregrinos, testigos llamados a la misión.

También somos llamados a no hacer acepción de personas como leemos en los Hechos de los Apóstoles en la segunda lectura (Hch 10,34), experimentando y descubriendo que hay un lugar para todos, al menos en la Iglesia, al menos como deseo. 

¿Hay lugar para todos? ¿Nos abrimos a lo nuevo?

La apertura a lo nuevo, a lo distinto es lo que le paso a Juan Bautista cuando se le aparece Jesús. No entiende pero obedece. Está abierto a la novedad por eso es testigo privilegiado.

Todos y cada uno de nosotros es un testigo privilegiado del Amor de Dios y somos invitados a compartirlo. Como dice el apóstol Juan “No podes callar lo que hemos visto y oído”

Los obispos en Aparecida y ahora el Papa nos invitan a ser “discípulos-misioneros”: testigos del amor que experimentamos e invitados a compartirlo.

Quizá tendríamos que hacer nuestras las palabras de los apóstoles (Hch 10,38): “El pasó haciendo el bien y sanando a todos”.

Quisiera terminar con esta invitación: abrimos el corazón para que todos tengan un lugar, siendo nosotros quienes ayudemos a superar esta cultura del descarte. 
Somos hijos amados, hermanos, familia. Llamados a hacer el bien y ayudar a sanar los corazones heridos por la exclusión, tanto social como humana. 

El Bautismo del Señor - Lecturas

Este fin de semana celebramos la fiesta del Bautismo del Señor.

Acá podes rezar con las lecturas:

Lectura del libro del profeta Isaías    42, 1-4. 6-7

            Así habla el Señor:
            Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley.
            Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé
y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

Palabra de Dios.


SALMO         Sal 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10 (R.: 11b)

R.        El Señor bendice a su pueblo con la paz.

            ¡Aclamen al Señor, hijos de Dios!
            ¡Aclamen la gloria del nombre del Señor
            adórenlo al manifestarse su santidad!  R.

            ¡La voz del Señor sobre las aguas!
            el Señor está sobre las aguas torrenciales.
            ¡La voz del Señor es potente,
            la voz del Señor es majestuosa!  R.

            El Dios de la gloria hace oír su trueno:
            En su Templo, todos dicen: “¡Gloria!”
            El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales,
            el Señor se sienta en su trono de Rey eterno.  R.



Lectura de los Hechos de los Apóstoles       10, 34-38

            Pedro, tomando la palabra, dijo: “Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas, y que en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a él.
            El envió su Palabra al pueblo de Israel, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.
            Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.”

Palabra de Dios.

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo  según Mateo 3, 13-17.
  
Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para encontrar a Juan y para que éste lo bautizara. Juan quiso disuadirlo y le dijo: « ¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti.»

Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora. De este modo respetaremos el debido orden.» Entonces Juan aceptó.

Una vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido.»
Palabra del Señor.




miércoles, 1 de enero de 2014

María, la Madre de los detalles

Hoy es la fiesta de la Madre de Dios. Hoy terminamos la llamada octava de Navidad.

Tanto la Pascua como la Navidad son tan grandes por el misterio que se revela que la Iglesia lo festeja durante ocho días.

Hoy se nos invita a contemplar a María como Madre de Jesús y nuestra. "Ahí tienen a su Madre" dice el Señor en la cruz, y nos regala a María como nuestra Madre.

Una Madre probada en el dolor, en la paciencia, en el misterio, en la fe.

Una Madre atenta a los detalles como en las bodas de Caná: "No tienen vino" y "robó" el milagro para que la fiesta no se terminara.

Comencemos el año caminando con María, la de los detalles...

Ella nos invita a confiar en Jesús, porque frente problemas ella está:

"No tienen esperanza..." y Jesús te la regala...

"No tienen...  (agregá lo que quieras) y pedíselo a Jesús por medio de María, que es el atajo elegido por Jesús.

Un buen año, acompañados por Jesús y María.