viernes, 25 de mayo de 2012

Himno Nacional Argentino (Completo)


No mucho conocen (capaz porque no se aprende en la escuela) la letra completa del Himno Nacional. 

MARCHA PATRIÓTICA(Letra original)
Letra de Vicente López y Planes
Música de Blas Parera

CORO
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
Coronados de gloria vivamos
O juremos con gloria morir.

Oíd ¡mortales! el grito sagrado:
¡Libertad, libertad, libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas:
Ved en trono a la noble Igualdad.

Se levanta a la faz de la tierra
Una nueva y gloriosa Nación:
Coronada su sien de laureles
Y a su planta rendido un León.

Coro
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
La grandeza se anida en sus pechos,
A su marcha todo hacen temblar.

Se conmueven del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor,
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor.

  Coro
Pero sierras y muros se sienten
Retumbar con horrible fragor:
Todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.

En los fieros tiranos la envidia
Escupió su pestífera hiel
Su estandarte sangriento levantan
Provocando a la lid más cruel.

  Coro
¿No los veis sobre Méjico y Quito
Arrojarse con saña tenaz?
¿Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y la Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
Luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

  Coro
A vosotros se atreve ¡Argentinos!
El orgullo del vil invasor,
Vuestros campos ya pisa contando
Tantas glorias hollar vencedor.

Mas los bravos que unidos juraron
Su feliz libertad sostener.

A esos tigres sedientos de sangre
Fuertes pechos sabrán oponer.

Coro
El valiente argentino a las armas
Corre ardiendo con brío y valor,
El clarín de la guerra cual trueno
En los campos del Sud resonó;
Buenos Aires se pone a la frente
De los pueblos de la ínclita Unión,
Y con brazos robustos desgarran
Al ibérico altivo León.

  Coro
 San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
Del tirano en la Banda Oriental;
Son letreros eternos que dicen:
"Aquí el brazo argentino triunfó."
"Aquí el fiero opresor de la patria
Su cerviz orgullosa dobló." 

  Coro
La victoria al guerrero argentino
Con sus alas brillantes cubrió,
Y azorado a su vista el tirano
Con infamia a la fuga se dio;
Sus banderas, sus armas se rinden
Por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
Trono digno a su gran majestad.

 Coro
Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
Les repite ¡mortales! Oíd:
¡Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!

Palabras del Cardenal Bergoglio en el “TE DEUM” en la catedral de Buenos Aires



“Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó. “”¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor, y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos.” El escriba le dijo. “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que El, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.”Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.” (Mc. 12: 28-34)

La celebración de mayo de 1810, en este sexenio del bicentenario de la Patria, nos remite una y otra vez a los fundamentos de nuestro convivir diario familiar y social y, por tanto, sociopolítico también. Aquellos primeros movimientos y acuerdos básicos dieron comienzo a un proceso, a un torbellino de sucesos que generaron la independencia posterior de la Nación en la que hoy habitamos y en la que queremos ser ciudadanos protagonistas.

El Evangelio que acabamos de escuchar nos acerca a una situación de repentina pero profunda comunión de sentimientos justo en momentos en los que en torno a Jesús comenzaron a darse muchos desacuerdos en su contra: los del poder de turno, los de los religiosos y de una parte de la multitud que empieza a distanciarse o serle indiferente.

Un escriba, por tanto alguien poco propenso a acordar con el Maestro de Nazareth, se le acerca con curiosidad, más intelectual e inquisidora, a probar su solidez doctrinal. Pero se lleva una sorpresa: no sólo se encuentra con un compatriota que conoce la justicia de Dios sino que además tiene un corazón noble. Se encuentra con alguien que lo invita a la plenitud: “no estás lejos del Reino de los cielos”. El potencial antagónico se ve enaltecido al mismo nivel de hermandad por pura invitación y estima de aquel corazón noble de Jesús el Maestro, quien le ofrece la comunidad del Reino para su plenitud. Sólo la nobleza de corazón, de un corazón que no puede dejar de amar, tal como lo anuncia el mandamiento sobre el que dialogan, puede tender puentes y vínculos. Sólo el amor es plenamente confiable o, al decir de la Doctora del amor, Santa Teresita, “es la confianza y sólo la confianza la que deberá conducirnos al amor”.

Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades de los hombres, nuestros padres de Mayo, con sus muchas diferencias y errores, apostaron a la confianza mutua que es raíz y fruto del amor. La confianza de poder poner las bases para conducir nuestro propio destino y todo lo que simbolizamos como Patria y Nación. Y sin enunciados previos, un verdadero amor social se fue dando en el sacrificio diario de la construcción de esta Nación. Sangre y trabajo, renuncias y destierros llenan las páginas de nuestra historia. Aun oponiéndose el odio fratricida y las ambiciones particulares que traban y atrasan, no hacen sino confirmar que el amor a aquel proyecto fundante iba llevando a cabo este sueño de ser argentino. Inconcluso o truncado, herido o debilitado, el sueño está ahí para seguir siendo realizado y el Evangelio que hoy nos ilumina nos recuerda el amor fundante.

Un amor que exige “todo tu corazón y tu alma, tu espíritu y tus fuerzas” porque Jesús sabe, como lo sabían los sabios de Israel, que quien ama así a Dios no teme hacerlo con los demás, le sale solo y ligero. Los que aman con todo su ser, aun llenos de debilidades y límites, son los que vuelan con ligereza, libres de influencias y presiones. Quien no ama de “corazón y espíritu” se arrastra pesadamente entre sus especulaciones y miedos, se siente perseguido y amenazado, necesita reforzar su poder sin parar ni medir las consecuencias.

Jesús no da sólo un mandamiento en el sentido más común de la palabra sino que proclama la única forma de fundar un vínculo y una comunidad que sea humanizadora: el amor gratuito, sin reclamos, que es consistente por convicciones, que siente y piensa a los otros como prójimos, es decir como a sí mismo. Es cierto que resulta difícil encontrar un ser humano que no sienta la necesidad, la carencia o el deseo dirigido al amor, pero también es verdad que nuestras limitadas condiciones siempre lo estrechan y repliegan a los propios intereses. El amor que propone Jesús es gratuito e ilimitado y por ello muchos lo consideran, a El y su enseñanza, un delirio, una locura y prefieren conformarse con la mediocridad ambigua… sin críticas ni desafíos. Y esos mismos predicadores de la mediocridad cultural y social reclaman, cuando sus intereses se ven afectados, actitudes éticas  por parte de los demás y de las autoridades. Pero ¿en qué se puede fundar una ética sino en el interés que “el otro” y “los otros” me despiertan desde el amor como convicción y actitud fundamental?, es decir desde esta “locura” que Jesús propone.

Esta “locura” del mandamiento del amor que propone el Señor y nos defiende en nuestro ser aleja también las otras “locuras” tan cotidianas que mienten y dañan y terminan impidiendo la realización del proyecto de Nación: la del relativismo y la del poder como ideología única. El relativismo que, con la excusa del respeto de las diferencias, homogeiniza en la transgresión y en la demagogia; todo lo permite para no asumir la contrariedad que exige el coraje maduro de sostener valores y principios. El relativismo es, curiosamente, absolutista y totalitario, no permite diferir del propio relativismo, en nada difiere con el “cállese” o “no te metas”.

El poder como ideología única es otra mentira. Si los prejuicios ideológicos deforman la mirada sobre el prójimo y la sociedad según las propias seguridades y miedos, el poder hecho ideología única acentúa el foco persecutorio y prejuicioso de que “todas las posturas son esquemas de poder” y “todos buscan dominar sobre los otros”. De esta manera se erosiona la confianza social que, como señalé, es raíz y fruto del amor.

Jesús, en cambio,  manifestó el poder del amor como servicio. Por más que se lo destruya el poder del amor como servicio siempre resucita. Su fuente está más allá de toda indicación humana; es la paternidad amorosa de Dios, fuente inalcanzable e incuestionable. El amor procurado por uno al otro hace que éste no sea manipulado ni malintepretado. Sólo lo superior, el amor de Dios, afianza el poder de Jesús.
Nosotros somos invitados a refundarnos en la soberanía del amor simple y profundo, del amor que hoy escuchamos en el Evangelio, mandamiento que anuda el amor de Cristo y de Dios Padre en los vínculos y la dignidad de los otros amados como “a nosotros mismos”. Pero, en cambio, cuando se utiliza el nombre de Dios para someter y violentar, o a cualquier otra entidad real o ideológica para lo mismo, se cae en pura idolatría y, cuando lo hacemos, no obramos como El obra con nosotros.

Esta fecha patria es un momento propicio para detenernos y preguntarnos por “el corazón, el alma, el espíritu y las fuerzas” de nuestro amor ciudadano y familiar. Ese amor que nos enseña a vivir bien y ayudar en el crecimiento de los otros, que son como nosotros, que merecen el amor como nosotros por ser personas y compatriotas. Ningún sistema o ideología asegura por sí mismo este cuidadoso y justo trabajo político del bien de los otros, de todos nosotros. Para ello hace falta vivir el amor como don preciado e invocado, que inspira la ética y el sacrificio, la prudencia y la decisión. Entonces, ante este mandamiento que pide todas nuestras fuerzas, ante este don que ayuda a fundar nuestra conciencia cívica y política más honda y que, sobre todo, pide un corazón noble, nos hará bien hoy, con coraje genuino, hacer un examen de conciencia y preguntarnos en concreto sobre una realidad cotidiana que precisamente es lo contrario al amor, es consecuencia del desamor: ¿qué nos lleva a ser cómplices, con nuestra indiferencia, de las manifestaciones de abandono y desprecio hacia los más débiles de la sociedad?.

Porque en la voracidad insaciable de poder, consumismo y falsa eterna - juventud, los extremos débiles son descartados como material desechable de una sociedad que se torna hipócrita, entretenida en saciar su “vivir como se quiere” (como si eso fuera posible), con el único criterio de los caprichos adolescentes no resueltos. Parecería que el bien público y común poco importa mientras sintamos el “ego” satisfecho. Nos escandalizamos cuando los medios muestran ciertas realidades sociales… pero luego volvemos al caparazón y nada nos mueve hacia esa consecuencia política que está llamada a ser la más alta expresión de la caridad. Los extremos débiles son descartados: los niños y los ancianos.

A veces se me ocurre que, con los niños y los jóvenes, somos como adultos abandónicos que prescindimos de los pequeños porque nos enrostran nuestra amargura y vejez no aceptada. Los abandonamos al arbitrio de la calle, al “sálvese quien pueda” de los lugares de diversión o al anonimato pasivo y frío de las tecnologías. Dejamos todo a su cuidado y los imitamos porque no queremos aceptar nuestro lugar de adultos, no entendemos que la exigencia del mandamiento del amor es cuidar, poner límites y abrir horizontes, dar testimonio con la propia vida. Y, como siempre, los más pobres encarnan lo más trágico del filicidio social: violencia y desprotección, tráfico, abusos y explotación de menores.

Y también los ancianos son abandonados, y no sólo en la precariedad material. Son abandonados en la egoísta incapacidad de aceptar sus limitaciones que reflejan las nuestras, en los numerosos escollos que hoy deben superar para sobrevivir en una civilización que no los deja participar, opinar ni ser referentes según el modelo consumista de “sólo la juventud es aprovechable y puede gozar”. Esos ancianos que deberían ser, para la sociedad toda, la reserva sapiencial de nuestro pueblo.

¡Con qué facilidad, cuando no hay amor, se adormece la conciencia! Tal adormecimiento señala cierta narcosis del espíritu y de la vida. Entregamos nuestras vidas y, mucho peor, las de nuestros niños y jóvenes, a las soluciones mágicas y destructivas de las drogas (legales e ilegales), del juego legalizado, de la medicación fácil, de la  banalización hueca del espectáculo, del cuidado fetichista del cuerpo. Las encapsulamos en el encierro narcisista y consumista. Y, a nuestros ancianos, que para este narcisismo y consumismo son material descartable, los tiramos al volquete existencial. Y así, la falta de amor instaura la “cultura del volquete”. Lo que no sirve, se tira.

Esta exclusión, verdadera anestesia social, se refuerza, por una parte, con las representaciones identitarias del discurso mediático  de denigración de todo lo que no responda a la ideología de la moda y, por otra parte, con la confusa difusión del modelo del “vínculo líquido”  sin compromiso como nuevo núcleo familiar, para que siga produciendo sujetos que traen al mundo hijos que continúen sintiendo la desorientación de adultos que no saben amar. Abandonan y desamparan reproduciendo así, trágicamente en su descendencia, sus propios vacíos interiores. No nos debe extrañar, entonces, que se expanda la violencia contra los niños e indefensos, debe más bien alarmarnos nuestra capacidad de  mirar hacia otro lado y de hacernos los distraídos, nuestra cobardía.

El vacío de amor, su vulgarización y bastardeo permanente, aun desde algunos discursos pseudoreligiosos, no sólo nos deshumaniza sino que, por ende, nos despolitiza. El amor, en cambio, impulsa al cuidado de lo común y sobre todo del Bien común que potencia y beneficia los bienes particulares. Una política sin mística para los demás, sin pasión por el bien, termina siendo un racionalismo de la negociación o un devorarlo todo para permanecer por el solo goce del poder. Aquí no hay ética posible simplemente porque el otro no despierta interés.

Contemplar la forma en que Jesús vivió y transmitió su mandamiento del amor me inspira una reflexión: daría la impresión de que resulta débil para las pretensiones de potencialidad sin límites del hombre de hoy, quien parece mostrar una sed de poder que huye de toda sensación de debilidad. No soportamos vernos débiles. El diálogo y la búsqueda de las verdades que nos llevan a construir un proyecto común implican escucha, renuncias, reconocimiento de los errores, aceptación de los fracasos y equivocaciones… implican aceptar debilidad. Pero da la impresión de que siempre caemos en lo contrario: los errores son cometidos por “otros” y seguramente en “otro lado”. Crímenes, tragedias, pesadas deudas que debemos pagar por hechos de corrupción…pero, “nadie fue”. Nadie se hace cargo de lo que hay que hacer y de lo hecho. Parecería un juego inconsciente: “nadie fue” es, en definitiva, una verdad y quizás hemos logrado ser y sentirnos “nadie”.

Y respecto del poder: el ejercicio de buscar poder acumulativo como adrenalina es sensación de plenitud artificial hoy y autodestrucción mañana. El verdadero poder es el amor; el que potencia a los demás, el que despierta iniciativas, el que ninguna cadena puede frenar porque hasta en la cruz o en el lecho de muerte se puede amar. No necesita belleza juvenil, ni reconocimiento o aprobación, ni dinero o prestigio. Simplemente brota… y es imparable; y si lo calumnian o destruyen más reconocimiento incuestionable adquiere. El Jesús débil e insignificante a los ojos de los politólogos y poderosos de la tierra revolucionó el mundo.

El mandamiento del amor apunta a que sintamos el llamado a trabajar nuestra capacidad de amar. No es, sin más, un impulso puro de la naturaleza, sino un don que, desde nuestro natural y desde la iniciativa de Dios, nos consolida como personas si le damos cabida y cultivo. En cambio, sin amor el alma se marchita y endurece, se vuelve fácilmente cruel. No por nada nuestros antiguos tomaron el término castizo de “desalmado” para quien no tiene compasión ni consideración al otro. El amor inspira la nobleza en el escriba y en Jesús a pesar de pensar distinto. Y “nobleza obliga”. Jesús abre la puerta a construir el Reino; la confianza mutua, basada en la confianza en lo superior, nos facilita no sólo la convivencia sino el construir común de una comunidad nacional que nos beneficie.

El amor hoy nos invita a proceder sin cortoplacismos, ocupándonos de las generaciones que vienen y no entregándolas a tendencias facilistas. Nos invita a proceder sin relativismos inmaduros, displicentes y cobardes. Nos invita a proceder sin narcotizarnos frente a la realidad y sin psicología de avestruz escondiendo la cabeza ante fracasos y errores. El amor nos invita a aceptar que, en la misma debilidad, está toda la potencialidad de reconstruirnos, reconciliarnos y crecer.

Lejos de ser un sentimentalismo común, y una mera impulsividad, el amor es una tarea fundamental, sublime e irreemplazable que hoy se torna una necesidad para ser propuesta a una sociedad deshumanizada. Lo ha señalado en dos de sus Encíclicas el Papa Benedicto XVI quien nos recuerda que todo el ascenso de la maravillosa fuerza vitalizadora del amor de deseo del hombre no se completa ni ennoblece ni encuentra su real sentido último sin el Amor como Don que proviene de Dios. Sólo así viviremos nuestros esfuerzos, logros y fracasos con un sentido sólido y refundante, aunque sean mezclados y conflictivos como los de mayo de 1810. Ya conocemos hacia donde nos llevan las pretensiones voraces de poder, la imposición de lo propio como absoluto y la denostación del que opina diferente: al adormecimiento de las conciencias y al abandono. Sólo la mística simple del mandamiento del amor, constante, humilde y sin pretensiones de vanidad pero con firmeza en sus convicciones y en su entrega a los demás podrá salvarnos.
María de Luján, modelo de amor, de amor silencioso y paciente, no dejará de acompañarnos y bendecirnos al pie de nuestra cruz  y en la luz de la esperanza.
Buenos Aires, 25 de mayo de 2012
Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.

viernes, 4 de mayo de 2012

Oración de la Solidaridad


En estos días, preparando un encuentro para CARITAS de la parroquia me encontré con esta oración que hizo Mons. Jorge Novak para una campaña solidaria del año 1982.

Como me gusto mucho y me dejó algo para rezar y pensar es que la comparto para que todos la podamos saborear y nos ayude a todos a rezar...

ORACIÓN DE LA SOLIDARIDAD

Padre nuestro, que estás en el cielo,
y que en la tierra nos aseguras el pan de cada día.
Padre bueno, que alimentas las aves del cielo,
y vistes el lirio de los campos;
Padre santo, que nos diste a tu propio Hijo,
para que, hecho hombre, fuese el Pan de nuestras vidas:

Te presentamos las familias de hermanos nuestros,
que, faltos de trabajo, sufren hambre y enfermedad.
En sus miradas suplicantes, y en sus manos extendidas,
resuena el Evangelio de Jesús: “tuve hambre, y me dieron de comer”.

Queremos compartir con ellos, los bienes que nos diste;
queremos tender para ellos, la mesa familiar;
queremos ir hacia ellos, como el buen samaritano;
queremos ser ante ellos, el servidor que lava sus pies.

Danos en este esfuerzo tu suave y Santo Espíritu,
dánoslo sin medida, como lo diste a Cristo.
Y vuelve el hombre incrédulo sus pasos hacia ti,
cuando compruebe nuestro amor solidario,
no en palabras vanas, sino que en obras y en verdad.

Virgen santa y purísima, Nuestra Señora de Luján,
Madre de Cristo, de la Iglesia, y de la humanidad,
te aclamamos inspiradora, patrona y garantía
de nuestra campaña de solidaridad.

Como tú junto a Jesús, no nos apartaremos
de nuestros hermanos pobres y afligidos:
orando por ellos, sufriendo en ellos,
compartiendo con ellos. Ayúdanos. Amén.

(Oración del Padre Obispo Jorge Novak – Campaña de Solidaridad 1/5 al 7/8 de 1982)

Caritas parroquial necesita tu ayuda

Queridos amigos:
Hace mucho que no me comunicaba haciendo algún pedido, pero las circunstancias que estamos viviendo en los últimos meses nos obligan a estas líneas.
En este año 2012 nos encontramos con una nueva realidad en relación a la gente que se encuentra vinculada al servicio social que llevamos adelante y en especial que viene en el último tiempo a pedir una ayuda para poder cubrir las necesidades alimentarias básicas.
Esta atención se vio aumentada casi en un 30%. Las necesidades por ende han aumentado y no tenemos los suficientes recursos para poder ayudar adecuadamente, sin mencionar que empiezan los días de frío y cambia la ayuda que necesitan.
Tenemos diversas necesidades a saber:
1)      Para las familias que estamos atendiendo (unas 200 familias) estamos necesitando: leche en polvo, leche larga vida, lentejas, arroz, harina, fideos, aceite, puré de tomates, azúcar, polenta, yerba, mermelada, te, mate cocido, cacao, arvejas.
2)      Para el grupo de abuelos: lana y agujas crochet para los talleres de tejido;
3)      Medicamentos para el dispensario.
Ojalá nos puedan dar una mano ustedes o pasando la información a sus contactos. Cualquier cosa, pueden escribir o llamar a la parroquia 4635-0395.
Dios los bendiga y María los cuide a todos.
Javier

sábado, 18 de febrero de 2012

Un tiempo para la palabra del domingo...

Comparto los texto y un breve comentario de las lecturas del 7° domingo del tiempo ordinario 

Lectura del libro del profeta Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25
Así habla el Señor:
No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí, pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. El Pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza.
Pero tú no me has invocado, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel. ¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades! Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados.
Palabra de Dios.

SALMO  Sal 40, 2-3. 4-5. 13-14 (R.: 5b)

R. Sáname, Señor, porque pequé contra ti.

 Feliz el que se ocupa del débil y del pobre:
 el Señor lo librará en el momento del peligro.
 El Señor lo protegerá y le dará larga vida,
 lo hará dichoso en la tierra
 y no lo entregará a la avidez de sus enemigos.  R.

 El Señor lo sostendrá en su lecho de dolor
 y le devolverá la salud.
 Yo dije: «Ten piedad de mí, Señor,
 sáname, porque pequé contra ti.»  R.

 Tú me sostuviste a causa de mi integridad,
 y me mantienes para siempre en tu presencia.
 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,
 desde siempre y para siempre!  R.


Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 18-22
Hermanos:
Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es hoy «sí», y mañana «no.» Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes - tanto Silvano y Timoteo, como yo mismo - no fue «sí» y «no», sino solamente «sí.»
 En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí» en Jesús, de manera que por él decimos «Amén» a Dios, para gloria suya.
Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu.
Palabra de Dios.



Del Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:
« ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: « ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual.»
Palabra del Señor.

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Dos ideas para compartir y rezar me dan vuelta con las lecturas de este fin de semana.
La primera reflexión surge de la lectura de Isaías: “estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?”. El Señor por intermedio del profeta nos invita a que nos demos cuenta que hay algo nuevo que está surgiendo. ¡Es interesante pensar cuantas veces Dios nos mueve para que nos demos cuenta!
La vida muchas veces nos conduce por caminos rutinarios que no nos dejan ver lo nuevo, lo que viene, la oportunidad. El creer que la sabemos toda o que lo que yo hago está bien puede hacernos perder de vista lo profundo, lo que puede germinar, lo que está por venir. El mismo profeta en el texto después agrega que habrá camino en ele desierto y río en la estepa; cuando parece que no hay salida ni camino quizá es recién cuando nos damos cuenta que no somos omnipotentes y que la realidad nos llama y nos invita a una mira más profunda.
Y aquí la segunda reflexión con el evangelio: la mirada de Jesús distinta a la de los escribas. Jesús ve la fe de esos hombres, no solo la del paralítico, y descubre que la necesidad más profunda es la del perdón de los pecados.
Somos invitados a ir a lo profundo de los otros y de nosotros.
“Al ver la fe de esos hombres” que hicieron tamaña aventura y osadía el Señor regala lo más lindo que tiene: la misericordia.
Misericordia que salva, que trasforma y que invita a no juzgar. Muestra con su curación el poder que tiene, pero lo cierto que es signo exterior de algo más profundo.
La sanación interior restituye, nos ayuda superar nuestras parálisis físicas y mentales (como las de los escribas).
Y nos invitan a la glorificación y alabanza que en definitiva es centrar la mirada en el Señor y no en nuestro ombligo.
Que el Señor nos ayude a ir sanando y nos cuide en el caminar cotidiano.
P. Javier Klajner

Cardenal Bergoglio - Carta Cuaresma 2012


"Recibieron gratuitamente,
den también gratuitamente"
Queridos hermanos y hermanas:

Uno de los peligros más grandes que nos acechan es el "acostumbramiento". Nos vamos acostumbrando tanto a la vida y a todo lo que hay en ella que ya nada nos asombra; ni lo bueno para dar gracias, ni lo malo para entristecernos verdaderamente. Me causó asombro y perplejidad preguntarle a un conocido como estaba y que me respondiera: "mal pero acostumbrado".

Nos acostumbramos a levantarnos cada día como si no pudiera ser de otra manera, nos acostumbramos a la violencia como algo infaltable en las noticias, nos acostumbramos al paisaje habitual de pobreza y de la miseria caminando por las calles de nuestra ciudad, nos acostumbramos a la tracción a sangre de los chicos y las mujeres en las noches del centro cargando lo que otros tiran. Nos acostumbramos a vivir en una ciudad paganizada en la que los chicos no salen a rezar ni hacerse la señal de la cruz.

El acostumbramiento nos anestesia el corazón, no hay capacidad para ese asombro que nos renueva en la esperanza, no hay lugar para el reconocimiento del mal y poder para luchar contra él.

Por otra parte suele suceder que sobrevienen momentos tan fuertes que, como un shock, nos sacan del acostumbramiento malsano y nos ponen en la brecha de la realidad que siempre nos desafía a un poco más: por ejemplo, cuando perdimos a alguien algo muy querido solemos valorar y agradecer lo que tenemos y que, hasta un momento antes, no lo habíamos valorado lo suficiente. En el camino de la vida del discípulo la Cuaresma se presenta como ese momento fuerte, ese punto de inflexión para sacar el corazón de la rutina y de la pereza del acostumbramiento.

Cuaresma, que para ser auténtica y dar sus frutos, lejos de ser un tiempo de cumpli-miento es tiempo de conversión, de volver a las raíces de nuestra vida en Dios. Conversión que brota de la acción de gracias por todo lo que Dios nos ha regalado, por todo lo que obra y seguirá obrando en el mundo, en la historia y en nuestra vida personal.

Acción de gracias, como la de María, que a pesar de los sinsabores por los que tuvo que pasar, no se quedó en la mirada derrotista sino supo cantar a las grandezas de Señor.
La acción de gracias y la conversión caminan juntas. "Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca" proclamaba Jesús al inicio de su vida pública. Sólo la belleza y la gratuidad del Reino enamoran el corazón y lo mueven verdaderamente
al cambio. Acción de gracias y conversión como la de todos los que recibieron gratuitamente de manos de Jesús la salud, el perdón y la vida.


Jesús al enviar a sus discípulos a anunciar ese Reino les dice: "den también gratuitamente". El Señor quiere que su Reino se propague mediante gestos de amor gratuito. Así los hombres reconocieron a los primeros cristianos portadores de un mensaje que los desbordaba. "Recibieron gratuitamente, den también gratuitamente". Quisiera estas palabras del Evangelio se graben de un modo muy fuerte en nuestro corazón cuaresmal. La Iglesia crece por atracción, por testimonio, no por proselitismo.

Nuestra conversión cristiana ha de ser una respuesta agradecida al maravilloso misterio del amor de Dios que obra a través de la muerte y resurrección de su Hijo y se nos hace presente en cada nacimiento a la vida de la fe, en cada perdón que nos renueva y sana, en cada Eucaristía que siembra en nosotros los mismos sentimientos de Cristo.

En la cuaresma, por la conversión, volvemos a las raíces de la fe al contemplar el don sin medida de la Redención, y nos damos cuenta que todo nos fue dado por iniciativa gratuita de nuestro Dios. La fe es don de Dios que no puede no llevarnos a la acción de gracias y dar su fruto en el amor.

El amor hace común todo lo que tiene, se revela en la comunicación. No hay fe verdadera que no se manifieste en el amor, y el amor no es cristiano si no es generoso y concreto. Un amor decididamente generoso es un signo y una invitación a la fe. Cuando nos hacemos cargo de las necesidades de nuestros hermanos, como lo hizo el buen samaritano, estamos anunciando y haciendo presente el Reino.


Acción de gracias, conversión, fe, amor generoso, misión son palabras claves para rezar en este tiempo, al mismo tiempo que vamos encarnándolas a través del Gesto Solidario Cuaresmal que tanto ha edificado durante estos últimos años a nuestra Iglesia porteña. Les deseo una santa Cuaresma. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Y, por favor, les pido que recen por mí.


Fraternalmente,

Jorge Mario Bergoglio s.j.
Buenos  Aires, 22 de febrero de 2012 
Miércoles de Ceniza 

domingo, 12 de febrero de 2012

LA PALABRA DE DIOS FUENTE INAGOTABLE DE VIDA

Del Comentario de san Efrén, diácono, sobre el Diatéssaron (Cap. 1, 18-19: SC 121, 52-53)

¿Quién hay capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la palabra del Señor presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó con multiplicidad de colores su palabra, para que todo el que la estudie pueda ver en ella lo que más le plazca. Escondió en su palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos a que afocara su reflexión.

La palabra de Dios es el árbol de vida que te ofrece el fruto bendito desde cualquiera de sus lados, como aquella roca que se abrió en el desierto y manó de todos lados una bebida espiritual. Comieron -dice el Apóstol- el mismo manjar espiritual y bebieron la misma bebida espiritual.

Aquel, pues, que llegue a alcanzar alguna parte del tesoro de esta palabra no crea que en ella se halla solamente lo que él ha hallado, sino que ha de pensar que, de las muchas cosas que hay en ella, esto es lo único que ha podido alcanzar. Ni por el hecho de que esta sola parte ha podido llegar a ser entendida por él, tenga esta palabra por pobre y estéril y la desprecie, sino que, considerando que no puede abarcarla toda, dé gracias por la riqueza que encierra. Alégrate por lo que has alcanzado, sin entristecerte por lo que te queda por alcanzar. El sediento se alegra cuando bebe y no se entristece porque no puede agotar la fuente. La fuente ha de vencer tu sed, pero tu sed no ha de vencer la fuente, porque, si tu sed queda saciada sin que se agote la fuente, cuando vuelvas a tener sed podrás de nuevo beber de ella; en cambio, si al saciarse tu sed se secara también la fuente, tu victoria sería en perjuicio tuyo.

Da gracias por lo que has recibido y no te entristezcas por la abundancia sobrante. Lo que has recibido y conseguido es tu parte, lo que ha quedado es tu herencia. Lo que, por tu debilidad, no puedes recibir en un determinado momento lo podrás recibir en otra ocasión, si perseveras. Ni te esfuerces avaramente por tomar de un solo sorbo lo que no puede ser sorbido de una vez, ni desistas por pereza de lo que puedes ir tomando poco a poco.