lunes, 24 de septiembre de 2012

Bautismo para todos


Este artículo estaba pensado para salir en un diario. Lamentablemente no salió por eso lo publico en el blog...

Sin querer ser un eslogan es la imagen que me vino a la mente cuando por distintos medios se empezó a hablar del bautismo.
Irrumpió como una novedad en los medios algo que en la vida de la Iglesia es muy normal. Pero parece que no se conoce.
Dos eventos son los que me llevan a la reflexión. Uno, el bautismo de los hijos de Florencia de la V y el otro son las palabras que compartió en la homilía de la misa de clausura del Encuentro de Pastoral Urbana el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, afirmando que en algunas parroquias del gran Buenos Aires se les negaba el sacramento a hijos de madres solteras.
El texto al que me refiero es el siguiente: “Con dolor lo digo, y si parece una denuncia o una ofensa, perdónenme, pero en nuestra región eclesiástica hay presbíteros que no bautizan a los chicos de las madres solteras porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio. Éstos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen”.
Mi sorpresa fue mayor cuando Elizabeth Vernaci lo comentó en la radio, aplaudiendo lo que dijo Bergoglio y, si mal no entendí, diciendo que quisiera que su hijo tomara la comunión.
Todo esto me dejó pensando: ¡si hace años que no se le niega el bautismo a nadie! Pero si ¡ningún chico puede ser privado de la comunión!
Es doloroso descubrir que en algunos lugares esto sea así. Ya hace más de 10 años, en la llamada Región Buenos Aires, todos los obispos se habían puesto de acuerdo y se había dispuesto que no se niegue bajo ningún aspecto el bautismo a ningún chico. Discriminar por la cuna es de hipócritas.
Me sorprende mucho más que no se sepa que se bautiza siempre y que en casi todas las parroquias y capillas se prepara a los chicos para su comunión sin preguntar la situación de los papás, si están casados, separados o sos madre soltera; lo único que se pide es que los acompañen, y esto muchas veces hace que toda la familia se acerque nuevamente a una vida construida en la fe.
De fondo y como gran derecho humano está el derecho de esos chicos a recibir los sacramentos más allá de la situación de los papás.
En muchas comunidades, y especialmente en los santuarios, hay catecumenados —procesos de preparación para comprender de qué se trata recibir los sacramentos— pensados para los jóvenes y adultos que trabajan y tienen poco tiempo, y que muchas veces participan pero le falta alguno.
Incluso se hacen pequeños itinerarios de 3 meses —como en mi parroquia— donde también se facilita el acceso al sacramento del matrimonio a quienes hace años están juntos y por diversas razones no se casaron.
No es ni el pensamiento de la Iglesia ni la enseñanza de Jesús el que alguien quede afuera. Como bien dijo el cardenal Bergoglio en esa misma homilía son “los fariseos de hoy”. A ésos “Jesús no los banca” y creo que no me “bancaría” Jesús a mí, ni yo a mí mismo, si me plantara en la puerta de mi parroquia querida de villa lugano y no dejara entrar a quienes se acercan pidiendo bendición y vida en la fe para sus hijos.
Ser cristiano no es una idea o una doctrina. Ser cristiano es una manera de vivir, de ser humano con otros, hacia otros, con los otros. Irradiando testimonio de amor y fraternidad. De mirada de comprensión hacia toda la humanidad. Y el bautismo es una puerta privilegiada para comenzar a vivir una vida nueva, con la cabeza y el corazón oxigenados más allá de un imaginario.




domingo, 23 de septiembre de 2012

Votar a los 16


La semana pasada me pidieron un artículo sobre el tema del voto a los 16 años. El mismo fue publicado en la Revista Para Tí edición 4705 del 21/9/2012 en un formato más breve. A continuación el texto completo:

¡Qué tema el que sale en este momento! No lo tengo claro, sólo me surgen interrogantes.
Es una edad en la que todavía no saben si afeitarse o dejarse la barba. Les cuesta elegir la ropa para el boliche el sábado a la noche.
Les pedimos que estudien, que sean buenos hijos y muchas veces dejan el estudio, no consiguen trabajo y ya son papás.
El mundo adulto se comporta de modo ambivalente con los jóvenes. Intentamos acercarnos y obtener nuevas respuestas con viejos planteos. ¿Sabemos realmente que la militancia política es lo que hace vibrar a una chica, un pibe de 16? ¿Lo sabemos o queremos que sea así? ¿Qué hace que vibre su corazón?
De la nada al todo y en la adolescencia: una verdadera bomba de tiempo.
Emocionalmente un adolescente, adolece. Su cuerpo adolece. Sus sentimientos adolecen. ¿Y ahora también le vamos a recargar la adolescencia con la responsabilidad de elegir a quienes lo gobiernen?
Apenas si en la adolescencia se logra un equilibrio entre “lo que quiero, lo que digo, lo que hago”, elegir la orientación del secundario suele ser muy complejo, al terminarlo elegir carrera universitaria o terciaria es casi siempre una situación de muy difícil resolución. ¿Cuántas veces un joven cambia de carrera hasta que finalmente encuentra su lugar en el mundo joven cuando va dejando atrás su mundo adolescente?
Muchos sociólogos y psicólogos hablan de los “adultecentes”: esos jóvenes que no se deciden a irse de su casa o quedarse, tienen pareja pero de medio tiempo y sin demasiados compromisos…
Y si entramos en los sectores más humildes, están pensando más en cómo parar la olla que en los políticos de turno.
La floja educación que reciben en la escuela tampoco los favorece a la hora de elegir y pensar qué país quieren y votar en consecuencia. ¿La elección será realmente desde lo que reflexionan? ¿O alguien pone en duda que un adolescente en la mitad del secundario no tiene una idea acabada y completa de qué es la corte suprema, un ministro de la nación y la cámara de diputados?
Empoderar a los jóvenes con aparentes derechos que les van a generar seguras obligaciones no creo que sume libertad, sino que aporta confusión a su propio momento existencial, en el que todavía pide a gritos —y con distintos formatos— apoyo de sus padres, de sus maestros y no que le digan: la libertad es toda tuya, elegí.
No podemos vivir sin libertad. Pero no podemos tirarle por la cabeza a los jóvenes una libertad que puede simplemente sumarles soledad ante decisiones tan significativas y trascendentes.
Seguramente que hay muchos adolescentes que tienen participación en agrupaciones políticas y en centros de estudiantes, pero allí se entrenan, aprenden, ensayan.
Estrenar voto a los 18 implica entender más el mundo y sentir que esa voz que está buscando ser escuchada tiene algo sólido para decir.
Es también interesante pensar cuáles son los argumentos, quiénes los propician y, por sobre todo, registrar las incongruencias: si no queremos que sean imputables penalmente, ¿cómo los imaginamos ejerciendo derechos civiles?
Son algunas pinceladas. Hay que pensar bien y no apurarnos. 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Palabras del Cardenal Bergoglio en la Misa de clausura del Encuentro 2012 de Pastoral urbana





La misa fue presidida por el cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j., concelebrada por monseñor Guillermo Rodríguez Melgarejo -obispo de San Martín-, monseñor Luis Fernández -auxiliar de Buenos Aires y vicario zona Flores-, monseñor Joaquín Sucunza -Vicario General de la Arquidiócesis de Buenos Aires-, monseñor Oscar Ojea -obispo de San Isidro-, monseñor Eduardo García -pro vicario general de la Arquidiócesis de Buenos Aires-, monseñor Raúl Martín -auxiliar de Buenos Aires y vicario zona Devoto-, monseñor Jorge Rubén Lugones -obispo de Lomas de Zamora- y monseñor Vicente Bokalic Iglic -auxiliar de Buenos Aires y vicario zona Centro- y veinte sacerdotes.

A continuación la desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j. en ocasión de la misa de clausura del Encuentro 2012 de Pastoral Urbana Región Buenos Aires.
Para descargar y escuchar la homilía

Los textos de la misa corresponden al domingo 22.

La escucha de la palabra me hizo sentir tres cosas: cercanía, hipocresía y mundanidad.
La primera lectura dice "¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ellos como el Señor nuestro Dios está cerca de nosotros?".
Nuestro Dios es un Dios que se aproxima. Un Dios que se hace cercano. Un Dios que empezó a caminar con su pueblo y luego se hizo uno de su pueblo en Jesucristo para hacerse cercano. Pero no con una cercanía metafísica sino con esa cercanía que describe Lucas cuando va a curar a la hija de Jairo, que la gente lo apretujaba hasta sofocarlo mientras la pobre vieja de atrás le quería tocar el borde del manto. Con esa cercanía de la multitud que quería hacer callar en la entrada de Jericó al ciego que a los gritos pretendía hacerse oír. Con esa cercanía que dio ánimo a esos diez leprosos para pedirle que los limpiara. Jesús estaba metido en la cosa. Nadie se quería perder esa cercanía, incluso el petiso que se subía al sicómoro para verlo.

Nuestro Dios es un Dios cercano. Y es curioso: Él curaba, hacía el bien. San Pedro lo dice clarito: "Pasó haciendo el bien y sanando". Jesús no hizo proselitismo: acompañó. Y las conversiones que lograba eran precisamente por esa actitud suya de acompañar, enseñar, escuchar, hasta tal punto que su condición de no ser un proselitista lo lleva a decir: "si ustedes también se quieren ir váyanse ahora, no pierdan tiempo. Vos tenés palabra de vida eterna, nos quedamos". El Dios cercano, cercano con nuestra carne. El Dios del encuentro que sale al encuentro de su pueblo. El Dios que -voy a usar una palabra linda de la diócesis de San Justo-: el Dios que pone a su pueblo en situación de encuentro.
Y con esa cercanía, con ese caminar, crea esa cultura del encuentro que nos hace hermanos, nos hace hijos, y no socios de una ONG o prosélitos de una multinacional. Cercanía. Esa es la propuesta.

La segunda palabra es hipocresía. Me llama la atención que san Marcos, siempre es tan conciso, tan breve, que le haya dedicado tanto a este episodio -y conste que en esta versión litúrgica está recortado y es más largo todavía- parece que se ensaña con los que se hacen lejanos, con aquellos que el mensaje de la cercanía de ese Dios, que viene caminando con su pueblo, que se hizo hombre para ser uno más y caminar, han tomado esa realidad, la han destilado a lo largo de las tradiciones de ellos, la han hecho idea, la han hecho puro precepto y la han alejado a la gente.
Jesús sí que los va a acusar de prosélitos a éstos, de hacer proselitismo. Ustedes recorren medio mundo para buscar un prosélito y después lo matan con todo esto. Alejaron a la gente.
Los que se escandalizaban cuando Jesús iba a comer con los pecadores, con los publicanos, a éstos Jesús les dice "los publicanos y las prostitutas los van a preceder a ustedes", que era lo peorcito de la época. Jesús no los banca. Son los que han clericalizado -por usar una palabra que se entienda- a la Iglesia del Señor. La llenan de preceptos y con dolor lo digo, y si parece una denuncia o una ofensa, perdónenme, pero en nuestra región eclesiástica hay presbíteros que no bautizan a los chicos de las madres solteras porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio. (aplausos)
Éstos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen.

A éstos que buscan prosélitos, los clericales, los que clericalizan el mensaje, Jesús les señala el corazón, les dice "del corazón de ustedes salen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino…". Flor de piropo, ¿eh? Así les pasa la mano de bleque. Los denuncia.
Clericalizar la Iglesia es hipocresía farisaica. La Iglesia del "vengan adentro que les vamos a dar las pautas acá adentro y lo que no entra no está" es fariseísmo.
Jesús nos enseña el otro camino: salir. Salir a dar testimonio, salir a interesarse por el hermano, salir a compartir, salir a preguntar. Encarnarse.
Contra el gnosticismo hipócrita de los fariseos, Jesús vuelve a mostrarse en medio de la gente entre publicanos y pecadores.
La tercera palabra que me tocó es el final de la carta de Santiago: no contaminarse con el mundo. Porque si bien el fariseísmo, este "clericalismo" entre comillas nos hace daño, también la mundanidad es uno de los males que carcomen nuestra conciencia cristiana. Esto lo dice Santiago: no se contaminen con el mundo. Jesús en su despedida, después de la cena, le pide al Padre que lo salve del espíritu del mundo. Es la mundanidad espiritual. El peor daño que puede pasar a la Iglesia: caer en la mundanidad espiritual. En esto estoy citando al cardenal De Lubac. El peor daño que puede pasar a la Iglesia incluso peor que el de los papas libertinos de una época. Esa mundanidad espiritual de hacer lo que queda bien, de ser como los demás, de esa burguesía del espíritu, de los horarios, de pasarla bien, del estatus: "Soy cristiano, soy consagrado, consagrada, soy clérigo". No se contaminen con el mundo, dice Santiago.

No a la hipocresía. No al clericalismo hipócrita. No a la mundanidad espiritual.
Porque esto es demostrar que uno es más empresario que hombre o mujer de evangelio.
Sí a la cercanía. A caminar con el pueblo de Dios. A tener ternura especialmente con los pecadores, con los que están más alejados, y saber que Dios vive en medio de ellos.

Que Dios nos conceda esta gracia de la cercanía, que nos salva de toda actitud empresarial, mundana, proselitista, clericalista, y nos aproxima al camino de Él: caminar con el santo pueblo fiel de Dios.
Que así sea.
Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j.
Buenos Aires, 2 de septiembre de 2012

La Región Buenos Aires que está participando de este ENCUENTRO está compuesta por la Arquidiócesis de Buenos Aires y las Diócesis de Avellaneda-Lanús, Gregorio de Laferrère, Lomas de Zamora, Merlo-Moreno, Morón, San Isidro, San Justo, San Martín, San Miguel y Quilmes. 

viernes, 24 de agosto de 2012

Mons. José María Arancedo expone en la Audiencia Pública



Vengo como Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina a presentar un resumen del documento "Reflexiones y aportes sobre algunos temas vinculados a la reforma del Código Civil" aprobado por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina el 27 de abril de 2012, y que hemos decidido acompañar formalmente a las deliberaciones de esta Comisión Bicameral, para ofrecer nuestro aporte orientado a contribuir a la mejor Reforma del Código Civil. Nos mueve una actitud propositiva, en el marco del Reglamento aprobado. Agradecemos esta invitación en un clima de diálogo, respeto y colaboración.

Estamos ante un hecho que debemos valorar como un acontecimiento mayor. El Código Civil, por su carácter estable y modélico, al definir derechos y obligaciones de personas e instituciones no es algo neutro, ni una mera fotografía de la realidad, tampoco un instrumento para solucionar problemas. Leer un Código es conocer la vida y orientación de una comunidad, necesariamente mira al futuro. No se puede, por ello, no prever y asumir las consecuencias de lo que hoy se legisla. El legislador es expresión de reflexión y sabiduría en una comunidad. No olvidemos que la ley tiene una función pedagógica y efectos a muy largo plazo del cual hoy somos responsables.

Los temas a los que me voy a referir giran en torno a la vida del hombre, en orden a lograr las mejores leyes que le permitan alcanzar su plena realización y la tutela de sus derechos. La ley tiene un valor objetivo que define derechos y obligaciones de las personas e instituciones en el marco del bien común. Elaborar leyes para la sociedad es función del Estado, no de la Iglesia. Pero ella tiene la obligación de colaborar con la sociedad, esta certeza es lo que da razón a mi presencia en este marco de reflexión y de diálogo, en la búsqueda de aquellos principios morales objetivos que son el fundamento de toda obra legislativa, y que son "accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación" (Benedicto XVI). La fe no se opone a la razón.

Hoy es indiscutible la importancia de la ecología. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. También debemos hablar de una ecología del hombre. El posee una naturaleza que se debe respetar y que no se puede manipular. El hombre no es solamente una libertad por la que él se crea a sí mismo y es dueño de la vida. Él es espíritu y libertad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha y se acepta en su grandeza y sus límites. Esta reflexión no es ajena a la tarea legislativa, llamada a dar leyes justas a la sociedad. En este sentido el límite es un acto de sabiduría que orienta y purifica la misma libertad del hombre. Por otra parte, no todo lo que es técnicamente posible o deseado en el manejo de la vida, es necesariamente ético y respeta su dignidad, como veremos.
El proyecto de Código Civil y Comercial es el fruto del esfuerzo de muchas personas que han aportado su sabiduría y experiencia en distintos temas. Ha sido presentado, como el fruto de muchos años de debates y trabajos jurídicos, y de la reflexión de los juristas y las decisiones de los jueces en el marco de la legislación hoy vigente. Esto es cierto en buena medida y lo valoramos, pero en algunos temas vinculados a la vida humana y a la familia entendemos que no ha tenido la misma pluralidad. Dada la trascendencia de los cambios propuestos en esta áreas y, además, que ellos no han tenido una suficiente presencia en las diversas plataformas políticas, consideramos que es conveniente una amplia participación y apertura federal.

Creemos que en el proyecto hay algunas cuestiones, que tanto a nuestro juicio de pastores, como en la opinión de muchos juristas y expertos, merecen una mayor reflexión. Es necesaria en el Código una formulación de ciertos principios, más respetuosa de la dignidad propia de toda vida humana desde su comienzo en el momento de la concepción y hasta su fin natural, de los derechos de la familia fundada en el matrimonio, y de los derechos de los más débiles, en particular los niños ya nacidos, y todavía por nacer. Es en estas materias, el estatuto de la persona humana y de la familia, en las que quisiéramos detenernos particularmente. Notamos que en las soluciones propuestas en este campo, ha influido una ideología individualista y una concepción de familia ajena a las tradiciones nacionales y al sentir y vivir de la gran mayoría de nuestro pueblo.

Podría sintetizar en cinco puntos las preocupaciones expresadas en el documento:

1. La persona existe desde la concepción: como dice la Declaración Universal de Derechos Humanos, todo ser humano tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica en todas partes y sin distinción de condición alguna (Art. 6). Así, la ciencia enseña que la vida humana comienza desde el momento de la concepción, en la que se configura un ser humano nuevo, único e irrepetible. Por eso, con la tradición jurídica nacional y el contexto constitucional sostenemos sin duda que la persona es tal desde la concepción, sin distinguir según ella ocurra dentro o fuera del seno materno. En relación al artículo 19 del proyecto entendemos que es una discriminación injusta que algunos seres humanos en estado embrionario sean considerados personas -los concebidos en el seno materno, o los implantados en él-, mientras que a otros se les niegue ese status básico -los concebidos fuera del seno materno, antes de su implantación-. No hay diferencias ontológicas entre ellos. Además, nos preguntamos cuál es el status o situación jurídica de estos embriones humanos no implantados, que quedan en un estado de absoluta desprotección, abriendo la posibilidad de atentados contra la vida de seres humanos inocentes e indefensos. Remitir la protección del embrión no implantado a una ley especial aún no existente resulta insuficiente para evitar atentados presentes o futuros contra la vida o dignidad de esos seres humanos, expuestos a la comercialización, industrialización o destrucción. Los dilemas morales que plantean los embriones no implantados no se solucionan desconociendo su dignidad y derechos fundamentales, sino en todo caso impidiendo -y no promoviendo- su producción mediante una moratoria en la utilización de estas técnicas.

2. La familia y el matrimonio: hemos dicho en nuestro documento que la familia fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, perdurable y estable, es el modo óptimo de crianza de los niños y de organización familiar y social. La familia es anterior al Estado y por tanto, la misión de éste es apoyar y acompañar los modelos exigentes de vida en los que los esposos se comprometen a la fidelidad, la cohabitación, la asistencia recíproca y el bien de los hijos. Si el Código Civil dejara de prever esos deberes, el matrimonio se vaciaría de contenido en desmedro de los propios esposos y del bien superior de los niños y su derecho a crecer y ser educados en el ámbito de una familia estable. Igualmente, creemos que no cualquier forma de convivencia es igualmente valiosa, respetuosa de la verdad de la naturaleza humana, y de los derechos de la mujer y de los hijos. Por eso, preocupa la equiparación casi absoluta entre el matrimonio y las uniones de hecho. Finalmente, debemos decir que el proyecto no reconoce en absoluto al matrimonio indisoluble caracterizado por el compromiso de fidelidad y de apertura al bien de los hijos, tal como la Iglesia propone a sus fieles, lo mismo que otras confesiones religiosas, y la ley natural lo expresa. Sólo formas débiles e inestables de familia son propuestas y reguladas por el proyecto.

3. La protección de los derechos del niño: El régimen de la paternidad, la maternidad y la filiación, así como otras instituciones proyectadas, generan incertidumbre en torno a la protección de los derechos de los niños. Una sociedad que no privilegie los derechos e intereses de los niños por sobre los de los adultos, se empobrece socialmente. Ello se verifica en la regulación de algunos efectos de las técnicas de fecundación artificial, dado que se privilegia un supuesto “derecho al hijo”, por sobre los derechos del hijo a la vida y al respeto de su intrínseca dignidad y el principio de originalidad en la transmisión de la vida humana. Estas técnicas suponen con frecuencia mecanismos de selección de los embriones más aptos, con descarte de los demás. No hay previsiones que eviten estas derivaciones injustas en el proyecto de Código Civil. Igualmente, se conculca el derecho a la identidad cuando queda sujeto a la voluntad de los adultos y se discrimina así entre categorías de hijos con más o menos derechos según el modo en que fueron concebidos. Finalmente, en materia de adopción si bien se avanza, no se privilegia el interés superior de los niños, que consiste en tener un padre y una madre unidos en matrimonio. La adopción debe tener en mira ese interés integral de los niños, y no el deseo de los adultos.

4. Los problemas de la procreación artificial: En cuarto lugar, creemos que no todo lo que es técnicamente posible y deseado en el manejo de la vida es necesariamente ético y respeta su dignidad. Así, existen serias objeciones éticas y jurídicas en torno a la fecundación artificial que deberían conducir a una reflexión más atenta y no sólo permisiva. Si no obstante ello se decidiera llevar adelante la fecundación extracorpórea, el ser humano concebido de esta manera tiene, como ya hemos dicho, el mismo estatuto, dignidad y derechos que cualquier otro. En el derecho comparado podemos ver que existen países que han limitado los daños provocados por el uso de estas técnicas, restringiendo el acceso a ellas a los matrimonios formados por varón y mujer, y prohibiendo la crioconservación de embriones, entre otras restricciones. Es particularmente grave la posibilidad de fecundación post-mortem, ya que no es aceptable permitir deliberadamente orfandades amparadas por la ley.

5. Proteger y dignificar a la mujer: Reconocemos que hay un esfuerzo en el proyecto por atender con delicadeza a la protección de los derechos de la mujer. Pero al mismo tiempo, resulta agraviante a la dignidad de las mujeres y de los niños la posibilidad de la existencia del alquiler de vientres, denominado eufemísticamente maternidad subrogada o gestación por sustitución. No es un reclamo social, ni es consistente con las tradiciones jurídicas, principios, valores y costumbres del pueblo argentino. Afirmamos firmemente que degrada a la mujer gestante y es posible que sea fuente de más desigualdad por la explotación para estos fines de mujeres pobres. Esta figura desconoce el profundo vínculo psicológico que se establece entre la madre gestante y el niño al que da a luz.

Finalmente, me permito comentar otras cuestiones mencionadas en el documento aportado. Nos preocupa cierto reglamentarismo que propone el proyecto en relación a las asociaciones civiles, e incluso a las simples asociaciones. Más allá de las particularidades de su regulación, que pueden ser en algunos casos opinables, resulta encomiable que el proyecto se ocupe de la protección de los derechos personalísimos. Es imprescindible que, en la regulación de las directivas anticipadas respecto de la propia salud, la prohibición de la eutanasia quede suficientemente clara en la ley. Y, en relación a las exequias, sería deseable que se prevea en forma expresa la necesidad de respetar las creencias y principios religiosos del fallecido, tal como se hacía en proyectos anteriores que sin duda han sido fuente del actual en ésta y otras materias.

Estas reflexiones están orientadas a contribuir a la mejor reforma del Código Civil, en temas que consideramos de mayor importancia en orden a garantizar la dignidad de la vida concebida, el valor del matrimonio y la familia, y la protección de todos los derechos del niño.

Como dijimos en abril y repetimos hoy, en este momento que consideramos de trascendencia histórica para la vida de nuestra Patria, invocamos la protección de la Virgen María, Nuestra Madre de Luján, Patrona de la Argentina.

Buenos Aires, 23 de agosto de 2012

Mons. José María ArancedoArzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

martes, 21 de agosto de 2012

Carta del Sr. Arzobispo a los Catequistas de la Arquidiócesis


Carta del Sr. Arzobispo a los Catequistas de la  Arquidiócesis

“En aquellos días,
María partió y fue sin demora
a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías
y saludó a Isabel…”
(Lc. 1, 39)
Queridos catequistas:

Ya es costumbre de muchos años que, ante la proximidad de la fiesta de San Pío X, les escriba una carta.  Por medio  de ella quiero saludarlos en su día, agradecerles el trabajo silencioso y fiel de cada semana, la capacidad de hacerse samaritanos que hospedan desde la fe, siendo rostros cercanos y corazones hermanos que permiten trasformar, de alguna manera, el anonimato de la gran ciudad.

Este año, el día del catequista nos encuentra ante un acontecimiento de gracia que ya empezamos a gustar. Dentro de dos meses comenzará el Año de la Fe que nuestro Papa Benedicto XVI ha convocado para “iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo…” (Carta Apostólica Porta Fidei, PF 2)
Será ciertamente un año jubilar. De ahí la invitación que el mismo Papa nos hace a atravesar la “Puerta de la Fe ”. Atravesar esta puerta es un camino que dura toda la vida pero que en este tiempo de gracia todos estamos llamados a renovar.  Por esto me nace en este año exhortarlos,  como pastor y como hermano, a que se animen a transitar el tiempo presente con la fuerza transformadora de este acontecimiento.

Todos recordamos la invitación tantas veces repetidas del Beato Juan Pablo II: “Abran las puertas al Redentor”. Dios nos exhorta nuevamente: Abran las puertas al Señor: la puerta del corazón, las puertas de la mente, las puertas de la catequesis, de nuestras comunidades… todas las puertas a la Fe.

En este abrir la puerta de la fe hay siempre un sí, personal y libre. Un sí que es respuesta a Dios que toma la iniciativa y se acerca al hombre para entablar con él un diálogo, en que el don y el misterio se hacen siempre presentes.
Un sí que la Virgen Madre supo dar en la plenitud de los tiempos, en aquella  humilde aldea de Nazareth, para que se empezara a entretejer la alianza nueva y definitiva que Dios tenía preparada, en Jesús, para la humanidad toda.
Siempre nos hace bien volver nuestra mirada a la Virgen. Más a quienes, de una u otra manera, se nos confía la tarea de acompañar la vida de muchos hermanos, y así juntos, poder decirle sí a la invitación de creer.

Pero la catequesis se vería seriamente comprometida si la experiencia de la fe nos dejara encerrados y anclados en nuestro mundo intimista o en las estructuras y espacios que con los años hemos ido creando. Creer en el Señor es atravesar siempre la puerta de la fe que nos hace salir, ponernos en camino, desinstalarnos... No hay que olvidar que la primera iniciación cristiana que se dio en el tiempo y en la historia culminó en misión...  que tuvo las características de visitación. Con toda claridad nos dice el relato de Lucas: María se puso en camino con rapidez y llena del Espíritu.

La experiencia de la Fe nos ubica en Experiencia del Espíritu signada por la capacidad  de ponerse en camino... No hay nada más opuesto al Espíritu que instalarse, encerrarse.  Cuando no se transita por la puerta de la  Fe, la puerta se cierra, la Iglesia se encierra, el corazón se repliega y el miedo y el mal espíritu “avinagran” la Buena Noticia. Cuando el Crisma de la Fe se reseca y se pone rancio el evangelizador ya no contagia sino que  ha perdido su fragancia, constituyéndose muchas veces en causa de escándalo y de alejamiento para muchos.
El que cree es receptor de aquella bienaventuranza que atraviesa todo el Evangelio y que resuena a lo largo de la historia, ya en labios de Isabel: “Feliz de ti por haber creído”, ya dirigida por el mismo Jesús a Tomás: “¡Felices los que creen sin haber visto!”

Es bueno tomar conciencia de que hoy, más que nunca, el acto de creer tiene que trasparentar la alegría de la Fe.  Como en aquel gozoso encuentro de María e Isabel, el Catequista debe impregnar toda su persona y su ministerio con la alegría de la Fe. Permítanme que les comparta algo de lo que los Obispos de la Argentina escribimos hace unos meses en un documento en el que bosquejamos algunas orientaciones pastorales comunes para el trienio 2012-2015:

“La alegría es la puerta para el anuncio de la Buena Noticia y también la consecuencia de vivir en la fe. Es la expresión que abre el camino para recibir el amor de Dios que es Padre de todos. Así lo notamos en el Anuncio del ángel a la Virgen María que, antes de decirle lo que en ella va a suceder, la invita a llenarse de alegría. Y es también el mensaje de Jesús para invitar a la confianza y al encuentro con Dios Padre: alégrense. Esta alegría cristiana es un don de Dios que surge naturalmente del encuentro personal con Cristo Resucitado y la fe en él” 

Por eso me animo a exhortarlos con el Apóstol Pablo: Alégrense, alégrense siempre en el Señor…  Que la catequesis a la cual sirven con tanto amor esté signada por esa alegría, fruto de la cercanía del Señor Resucitado (“los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor”, Jn. 20,20), que permite también descubrir la bondad de ustedes y la disponibilidad al llamado del Señor…
Y no dejen nunca que el mal espíritu estropee la obra a la cual han sido convocados. Mal espíritu que tiene manifestaciones bien concretas, fáciles de descubrir: el enojo, el mal trato, el encierro, el desprecio, el ninguneo, la rutina, la murmuración, el chismerío…

La Virgen María en la visitación nos enseña otra actitud que debemos imitar y encarnar: la cercanía.
Ella literalmente se puso en camino para acortar distancias. No se quedó en la noticia de que su parienta Isabel estaba embarazada. Supo escuchar con el corazón y por eso conmoverse con ese misterio de vida. La cercanía de María hacia su prima implicó un desinstalarse, no quedarse centrada en ella, sino todo lo contrario. El sí de Nazaret, propio de toda actitud de fe, se transformó en un sí que se correspondió en su actuar… Y la que por obra del Espíritu Santo fue constituida Madre del Hijo, movida por ese mismo Espíritu se transformó en servidora de todos por amor a su Hijo. Una fe fecunda en caridad, capaz de incomodarse para encarnar la pedagogía de Dios que sabe  hacer de la cercanía su identidad, su nombre, su misión: “y lo llamará con el nombre de Emanuel”

“El Dios de Jesús se revela como un Dios cercano y amigo del hombre. El estilo de Jesús se distingue por la cercanía cordial. Los cristianos aprendemos ese estilo en el encuentro personal con Jesucristo vivo, encuentro que ha de ser permanente empeño de todo discípulo misionero.  Desbordado de gozo por ese encuentro, el discípulo busca acercarse a todos para compartir su alegría. La misión es relación y por eso se despliega a través de la cercanía, de la creación de vínculos personales sostenidos en el tiempo. El amigo de Jesús se hace cercano a todos, sale al encuentro generando relaciones interpersonales que susciten, despierten y enciendan el interés por la verdad. De la amistad con Jesucristo surge un nuevo modo de relación con el prójimo, a quien se ve siempre como hermano. (CEA, Orientaciones pastorales para el trienio 2012-2015)

Cercanía que, me consta, se hace presente muchas veces en los encuentros catequísticos de Ustedes, en la diversas edades en que les toca acompañar los procesos de fe (niños-jóvenes-adultos). Pero siempre se nos puede filtrar el profesionalismo distante, la desubicación de creernos los “maestros que saben”, el cansancio y fatiga que nos baja las defensas y nos endurece el corazón...  Recordemos aquello tan hermoso de la 1° Carta de Pablo a los cristianos de Tesalónica: “…fuimos tan condescendientes con ustedes, como una madre que alimenta y cuida a sus hijos. Sentíamos por ustedes tanto afecto, que deseábamos entregarles, no solamente la buena noticia de Dios, sino también nuestra propia vida: tan queridos llegaron a sernos.” (1Tes. 2, 7-8)

Pero además, les pido que, no vean reducido su campo evangelizador a los catequizandos. Ustedes son privilegiados para contagiar la alegría y belleza de la Fe a las familias de ellos. Háganse eco en su pastoral catequística de esta Iglesia de Buenos Aires que quiere vivir en estado de misión.
Miren una y mil veces a la Virgen María. Que ella interceda ante su Hijo para que les inspire el gesto y la palabra oportuna, que les permita hacer de la Catequesis una Buena Noticia para todos, teniendo siempre presente que la “Iglesia crece, no por proselitismo, sino por atracción”.

Soy consciente de las dificultades. Estamos en un momento muy particular de nuestra historia, incluso del país. El reciente Congreso Catequístico Nacional realizado en Morón fue muy realista en señalar las dificultades en la transmisión de la fe en estos tiempos de tantos cambios culturales. Quizás en más de una oportunidad el cansancio los venza, la incertidumbre los confunda e incluso lleguen a pensar que hoy no se puede proponer la fe, sino solamente contentarse con transmitir valores…
Por eso mismo, nuestro Papa Benedicto XVI nos invita a atravesar juntos la puerta de la Fe. Para renovar nuestro creer y en el creer de la Iglesia seguir haciendo lo que ella sabe hacer, en medio de luces y sombras. Tarea que no tiene origen en una estrategia de conservación, sino que es raíz de un mandato del Señor que nos da identidad, pertenencia y sentido. La misión surge de una certeza de la fe. De esa certeza que, en forma de Kerygma, la Iglesia ha venido trasmitiendo a los hombres a lo largo de dos mil años.
Certeza de la fe  que convive con mil preguntas del peregrino. Certeza de la fe  que no es ideología, moralismo, seguridades existenciales… sino el encuentro vivo e intransferible con una persona, con una acontecimiento, con la presencia viva de Jesús de Nazareth.

Por eso, me animo a exhortarlos: vivan este ministerio con pasión, con entusiasmo.

 La palabra entusiasmo (ενθουσιασμός) tiene su raíz en el griego “en-theos”, es decir: “que lleva un dios adentro.” Este término indica que, cuando nos dejamos llevar por el entusiasmo, una inspiración divina entra en nosotros y se sirve de nuestra persona para manifestarse. El entusiasmo es la experiencia de un “Dios activo dentro de mí” para ser guiado por su fuerza y sabiduría. Implica también la exaltación del ánimo por algo que causa interés, alegría y admiración, provocado por una fuerte motivación interior. Se expresa como apasionamiento, fervor, audacia y empeño. Se opone al desaliento, al desinterés, a la apatía, a la frialdad y a la desilusión.
El “Dios activo dentro” de nosotros es el regalo que nos hizo Jesús en Pentecostés, el Espíritu Santo: “Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.” (Lc 24, 49). Se realiza así lo anunciado por los profetas, “les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes.” (Ez. 36, 26) (CEA, Orientaciones pastorales para el trienio 2012-2015)

          El entusiasmo, el fervor al cual nos llama el Señor, bien sabemos que  no puede ser el resultado de un movimiento de voluntad o un simple cambio de ánimo. Es gracia... renovación interior, transformación profunda que se fundamenta y apoya en una Presencia, que un día nos llamó a seguirlo y que hoy, una vez más, se hace camino con nosotros, para transformar nuestros miedos en ardor, nuestra tristeza en alegría, nuestros encierros en nuevas visitaciones…

Al darte gracias de corazón por todo tu camino de catequista, por tu tiempo y tu vida entregada, le pido al Señor que te dé una mente abierta para recrear el diálogo y el encuentro entre quienes Dios te confía y un corazón creyente para seguir gritando que El está vivo y nos ama como nadie. Hay una estampa de María Auxiliadora que dice: “Vos que creíste, ayudame!” Que Ella nos ayude a seguir siendo fieles al llamado del Señor…

No dejes de rezar por mí para que sea un buen catequista. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Afectuosamente

Buenos Aires, 21 de Agosto de 2012

Card. Jorge Mario Bergoglio, s.j. 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Homilía del Sr. Arzobispo en la fiesta de San Cayetano


Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños (Mt 14, 13-21).

San Cayetano, bendecí nuestra Patria con pan y trabajo para todos.
Como todos los años, estamos de nuevo hoy aquí, para tener nuestro encuentro con el Santo amigo de Jesús y de su pueblo. Un encuentro de cercanía, de agradecimiento, de petición… ¡tantas cosas que traemos en el corazón! Y la petición que hacemos juntos este año es algo especial. No pedimos directamente “por favor, danos pan y trabajo”, sino “bendecinos con estos dones”. El pedido principal es una bendición: San Cayetano, bendecí nuestra Patria con pan y trabajo para todos.

A alguno quizá le parezca poca cosa hacer una cola tan larga para pedir sólo una bendición; y más todavía si el pedido es que nos bendiga con pan y trabajo. Es verdad que el trabajo está duro, cuesta conseguirlo;  y el pan está caro (el más barato como a $7 el kilo). Pero hay algo más: si se fijan bien la bendición se agranda al comienzo y al final del pedido: donde decimos “nuestra patria” y “para todos”.
Así que venimos con un encargo importante, venimos en representación de todos a pedir la bendición grande que necesita nuestra patria. Hay gente que maldice “este país” o porque no le gustan algunas cosas o algunos de sus compatriotas. Nosotros no maldecimos. Puede ser que protestemos o que discutamos, pero no sólo no maldecimos sino que, como sentimos que nuestra bendición no basta, venimos a pedir la bendición de  Dios: que bendiga nuestra Patria, en todos sus habitantes, en toda su historia y su geografía. Y a San Cayetano, que la bendiga con la bendición tan necesaria para una vida digna: con la bendición del pan y del trabajo para todos.

Para todos… El evangelio dice que Jesús alzó los ojos al Cielo, bendijo los cinco pancitos y los pescados, los partió, los repartieron y “todos comieron hasta saciarse”. Que el Padre nos dé el pan nuestro y el trabajo de cada día es una bendición. Pero no sólo es una bendición cuando lo tenemos en la mano; ya desearlo para todos es una bendición. Abrir el corazón y sentir presentes a todos, como hermanos, es una bendición.

Indignarnos contra la injusticia de que el pan y el trabajo no lleguen a todos es una parte de la bendición. Colaborar con otros, partiendo y repartiendo nuestro pan, es la otra parte de la bendición que pedimos.

San Cayetano, bendecí nuestra Patria con pan y trabajo para todos. ¿Y saben por qué es una bendición desear y luchar para que haya pan y trabajo para todos? ¿Saben por qué? Porque este buen deseo y esta lucha le hacen bien al corazón, lo alegran, lo ensanchan, lo hacen latir con felicidad. Jesús lo decía así: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”.
La justicia es la que alegra el corazón: cuando hay para todos, cuando uno ve que hay igualdad, equidad, cuando cada uno tiene lo suyo. Cuando uno ve que alcanza para todos, si es bien nacido, siente una felicidad especial en el corazón. Ahí se agranda el corazón de cada uno y se funde con el de los otros y nos hace sentir la Patria. La Patria florece cuando vemos “en el trono a la noble igualdad”, como bien dice nuestro himno nacional. La injusticia en cambio lo ensombrece todo. Qué triste es cuando uno ve que podría alcanzar perfectamente para todos y resulta que no.

Nuestro pueblo tiene en el corazón esta bendición del todo, que es la que nos hace patria. Esa bendición se ve incluso en la humildad para mantener el todo aunque sea en un restito, como cuando decimos “si no alcanza para todos, al menos que alcance para todos los chicos” y colaboramos en el comedor infantil…  Decir “todos los chicos” es decir todo el futuro. Decir “todos los jubilados” es decir toda nuestra historia. Nuestro pueblo sabe que el todo es mayor que las partes y por eso pedimos “pan y trabajo para todos”. Qué despreciable en cambio el que atesora sólo para su hoy, el que tiene un corazón chiquito de egoísmo y sólo piensa en manotear esa tajada que no se llevará cuando se muera. Porque nadie se lleva nada. Nunca ví un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre. Mi abuela nos decía: “la mortaja no tiene bolsillos”.

Jesús nos enseñó que cuando no nos sacamos el problema de encima y mandamos a cada uno a su casa, como querían los Apóstoles, sino que invitamos a que se sienten todos y partimos nuestro pan, nuestro Padre del cielo siempre nos bendice con el milagro de la multiplicación y alcanza para todos. Por eso venimos a pedir hoy esta bendición tan especial para nuestra patria. La necesitamos porque en la vida hay muchos que tiran cada uno para su lado, como si uno pudiera tener una bendición para él solo o para un grupo. Eso no es una bendición sino una maldición. Y fíjense qué curioso, el que tira para su lado y no para el bien común suele ser una persona que maldice: que maldice a los otros y que mal-dice las cosas: las dice mal, miente, inventa, dice la mitad…

Mientras caminamos en la fila, ensanchemos el alma con esta petición: “para todos”. Abramos el corazón para pedirla cuando toquemos al Santo y nos hagamos la señal de la cruz. Que San Cayetano nos convierta en personas que desean el bien para todos, personas que luchan y colaboran con Jesús para que esta bendición se haga realidad. Como los apóstoles, que se animaron a ensanchar el corazón  cuando al principio querían que cada uno se fuera a su casa, y después colaboraron con el Señor en la tarea de repartir el pan y juntar lo que sobraba.

Le agradecemos a Jesús el haber traído esta bendición a nuestra tierra: él fue el primero en “desear el bien para todos”, sin exclusión de nadie. Fue el primero y asoció a muchos que hoy son nuestros santos, como San Cayetano, como nuestro Cura Brochero, santos porque no recortaron la bendición, gente de esa que “hace sentarse a todos” y “bendice y parte y reparte”. Que linda imagen: ser personas que bendicen y que parten y reparten. Y no ser de los que maldicen y juntan y juntan, y  después no se van a poder llevar nada. Sólamente nos llevamos lo que dimos,  lo que repartimos, lo que compartimos.

San Cayetano, bendice nuestra patria con pan y trabajo para todos.
Se lo pedimos también a la Virgen. Virgencita, bendecí nuestra patria con pan y trabajo para todos. Ella se da cuenta cuando falta algo. ¿Se acuerdan del casamiento en Caná?
Se lo pedimos a nuestro Padre del Cielo: Padre, danos hoy a todos nuestro pan de cada día y que todos aceptemos la invitación a trabajar en esta viña tuya que es nuestra querida Patria Argentina.


Buenos Aires, 7 de agosto de 2012
Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.

viernes, 27 de julio de 2012

Fiesta de San Pantaleón - Homilía del Cardenal Bergoglio


Desgrabación de la Homilía del Sr. Arzobispo de Buenos Aires Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j., en el Santuario de San Pantaleón con motivo de su Fiesta Patronal

En la primera lectura del Profeta Isaías escuchamos: “Qué hermosos son los pasos sobre la montaña, del que trae la Buena Noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad”. Y en el Evangelio escuchamos a Jesús desde la montaña, desde el monte. Y El ha venido a traernos una Buena Noticia, a proclamar la paz, a anunciar la felicidad. Y desde esa montaña nos indica el camino para esa felicidad, es un camino que cuesta entenderlo porque parece un camino al revés y sin embargo el Señor nos marca el rumbo mirando el fin: el que va por este camino es feliz, tarde o temprano, es feliz.

A veces uno se pregunta como puede ser feliz un pobre de corazón, porque su único tesoro es el reino de los cielos; a ése que tiene el corazón despojado, sin tanta chuchería mundana... a ése lo espera el reino de los cielos. Cómo pueden ser felices los que lloran? Bienaventurados los que lloran, porque esos serán consolados. El que no sintió alguna vez en la vida la tristeza, la angustia, el dolor nunca va a conocer la caricia del consuelo; es tan linda la caricia del consuelo... Uno podría decir que una maldición, gitana o no gitana, que le puede desear a otro sería “Ojalá que no puedas llorar nunca”... pobre el hombre o la mujer que tenga el corazón de piedra y no pueda llorar, por eso felices los que lloran porque tienen capacidad de conmoverse, tienen capacidad de percibir desde su corazón, tanto dolor suelto, tanto dolor que tiene en su propia vida. Esos serán felices! porque serán consolados por la tierna mano del Padre Dios que los consuela y los acaricia.

Bienaventurados los pacientes! Nosotros que somos impacientes, nerviosos... que por cualquier cosa nos quejamos... Cuántas veces andamos a los gritos?? Bajemos el tono hacia la paciencia; nos impacientamos, cualquier cosa nos hace explotar, las exigencias... Miremos a esas mujeres que son madres, madrazas, buenas madres y miremos la paciencia que tienen para con sus hijos; como los van acompañando a lo largo de la vida. La paciencia frente al dolor... El que se pone nervioso por cualquier cosa termina con los cables pelados, ¿o no? Entonces no hay que ponerse nervioso. Además, el que está exigiendo, imponiéndose a los gritos o con nervios o con autoridad en el fondo se la creyó, que es el patrón del mundo y no es así; somos todos hijos de Dios.

Y por eso el Señor nos dice que el camino es el de la paciencia; es el camino que usó Jesús... el de la paciencia. Ya de chiquito, cuando era un niño de pecho tuvo que aguantar el destierro y después la calumnia, la difamación, la desinformación, de todos sus enemigos; tuvo que aguantar un tribunal injusto y se la bancó... Tuvo que aguantar la cruz y eso con amor. El Señor de la paciencia. Entonces Jesús nos dice: Felices los pacientes porque el que tenga paciencia va a heredar la tierra. Todos lo van a querer, todos lo van a amar, la paciencia del que escucha y del que aguanta porque para muchas cosas hay que tener aguante, ¿o no?

Felices los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados... Felices esos hombres y mujeres que no toleran una injusticia!  Felices esos hombres y mujeres que no toleran que al hermano o a la hermana le hagan una injusticia, que le roben la vida, que lo sometan, que lo esclavicen. Felices! porque serán saciados de una gran justicia: la justicia que sólo viene de Dios.

Y ésta es la mas linda o por lo menos es la que mas me gusta a mí... Será porque como soy muy pecador es la que mas necesito. Felices los misericordiosos porque obtendrán misericordia. Feliz aquel que sabe perdonar, que tiene misericordia para los demás, que no anda condenando a cada rato a todo el mundo. Todos nosotros necesitamos que Dios nos tenga misericordia y por eso lo pedimos al comenzar la misa: “Señor ten piedad de nosotros”. Tené misericordia de nosotros porque todos tenemos fallas y necesitamos que El nos perdone... pero si nosotros no la tenemos con los demás no seremos felices! Abramos nuestros corazones a la misericordia de Dios o al revés, abrimos nuestro corazón porque nos damos cuenta de toda la misericordia que Dios tiene con nosotros. Le decimos continuamente: Perdoná nuestras ofensas, en el Padre Nuestro...pero no solo eso... sino que además decimos “Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.  Esa es la misericordia.... pero Padre… si uno va por este camino juega a perdedor? El cristiano juega a perdedor! Esta claro eso? Acá no venimos ni para trepar, ni para acomodarnos ni para tener grandes fortunas sino que venimos para seguir a Jesús. Y El jugó a perdedor para ganar después en la resurrección, en la vida eterna; el camino de la misericordia, el camino del perdón, de hacerse el distraído frente al camino de las ofensas y no el de la venganza...

Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios.... Vieron que hay gente que siempre está armando líos, siempre está llevando cuentos. Yo no sé si esto pasa acá pero vieron que hay gente que se la pasa llevando chismes de un lado a otro y esos no siembran paz. Siembran cizaña: son cizañeros. Esos no pueden ser felices. Los que siembran paz, son misericordiosos y pacientes serán llamados hijos de Dios. Porque nuestro Dios siembra paz; sembró a su Hijo entre nosotros que nos dio la paz!.

Por este camino  vamos a tener la felicidad, y podríamos seguir. Pero quiero retomar algo tan lindo que escuchamos en la primera lectura: Qué hermosos son sobre la montaña los pasos del que trae la Buena Noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad. Y es Jesús el que nos trae la paz y la felicidad pero por este camino que acabamos de escuchar; por eso entre la primera y la segunda lectura escuchamos ese salmo tan bonito: Feliz el hombre que no sigue el consejo del impío... el consejo malo que dice ¨devolvésela¨, ¨pegale, ¨hacele¨ïnsultá"... eso no sirve; ni tampoco va por el camino de los malos: ¨coimeá¨, ¨robá¨... ni frecuenta la reunión de los malvados: “A ver como podemos hacer caer a éste o a aquél otro”, sino feliz el hombre que se alegra en la ley del Señor y la medita día y noche. Y la ley del Señor son estas bienaventuranzas que hemos escuchado. que ustedes durante este año las han venido meditando en el Santuario, hasta tal punto de ir asimilándolas.

Hoy en el día del Santo Patrono, pidámosle esa gracia de tener un corazón despojado, la gracia de poder llorar. la gracia de la paciencia, la gracia de luchar y trabajar por la justicia, la gracia de ser misericordiosos, la gracia de trabajar por la paz, de sembrar paz y no guerra ni pelea. Este es el camino que nos va a hacer felices y no el otro de que termina ahí nomás. 

Le pedimos hoy a nuestro Santo Patrono San Pantaleón, que nos ayude a caminar este camino que fue por el que él anduvo.

Que así sea.

Cardenal Jorge M. Bergoglio, s.j.

Buenos Aires, 27 de julio de 2012.